Simone Weil expone en esta cita la idea de que el ser humano requiere estar enraizado, no sólo física o socialmente, sino espiritualmente. Esta necesidad, sostiene, constituye la base sobre la que se edifica nuestra identidad. Así, pertenecer a una comunidad, a una tradición o incluso a una causa, es vital para sentirnos completos y capaces de afrontar la vida. La ausencia de ‘raíces’ puede provocar una profunda sensación de vacío, como la misma Weil analiza en ‘El arraigo’ (1949), donde relaciona este anhelo con la búsqueda de sentido y estabilidad. [...]