La frase no glorifica lanzarse sin cuidado; más bien sugiere que el criterio de éxito debe incluir lo creado pese al riesgo. Evitar lo peligroso sigue siendo sensato, pero la vida estratégica combina protección con iniciativa: se eligen riesgos con retorno potencial y se reducen daños con preparación.
En ese equilibrio, construir se vuelve una forma de disciplina. No se trata de “ganar siempre”, sino de producir algo que crezca: un proyecto, una reputación, un equipo, un conocimiento. Así, el riesgo se convierte en inversión, no en apuesta. [...]