Además, entender la gratitud como acción ofrece una manera distinta de afrontar la dificultad. No significa negar el dolor, sino preguntarse qué respuesta creativa puede surgir incluso ahí. En los diarios de Etty Hillesum (1941–1943), escritos en plena persecución, se percibe una gratitud obstinada por la belleza mínima del día, que la impulsa a consolar y sostener a otros. Esta actitud no es pasiva ni ingenua: es una elección concreta de no dejar que la amargura dicte la última palabra. Así, la acción de gracias se vuelve fuerza transformadora, capaz de resignificar contextos hostiles. [...]