Asimismo, la historia cultural confirma que el tiempo es juez de autenticidad. “Veritas filia temporis”, lema popularizado por Francis Bacon (Novum Organum, 1620), sostiene que la verdad emerge con los años. John Ruskin, en The Seven Lamps of Architecture (1849), dedicó una “lámpara” a la Verdad: advirtió que la simulación, por pulida que sea, se agrieta. En consecuencia, lo honesto —materiales adecuados, funciones claras, fuentes citadas, datos verificables— soporta la intemperie de la crítica. La aparente lentitud de la integridad resulta, al final, una aceleración hacia lo perdurable. [...]