Luego, esa mecánica repercute en nosotros. Coros estudiados por Vickhoff y colegas (2013) evidencian sincronías respiratorias y cardíacas cuando se canta al unísono; la exhalación prolongada activa el nervio vago y calma. A su vez, Launay, Pearce y Dunbar (2015) muestran que cantar juntos acelera la cohesión social como un rompehielos.
Por lo tanto, cada nota cambia el aire exterior y, al mismo tiempo, el aire interior de quienes cantan y escuchan. El esfuerzo sostenido regula pulsos, afina atención y dispone afectos. La sala se siente distinta no por magia, sino por fisiología compartida. [...]