Lo que una persona trae a una habitación tiende a propagarse. La psicología social ha estudiado el contagio emocional: gestos, tono de voz y atención pueden elevar o hundir el ánimo colectivo (por ejemplo, Elaine Hatfield, John Cacioppo y Richard Rapson, *Emotional Contagion*, 1994). Desde este enfoque, el afecto feroz sería una especie de “señal” clara que otros captan y replican.
Por eso la frase no es solo poética: describe un mecanismo real. Cuando alguien muestra cuidado auténtico —mirar a los ojos, recordar un detalle importante, ofrecer ayuda concreta— el grupo suele volverse más humano, como si se diera permiso para bajar defensas. [...]