Sin embargo, estar en camino sin saber adónde se va también implica riesgo emocional: ansiedad, comparación, miedo a “perder el tiempo”. Aquí la frase funciona como antídoto cultural contra la obsesión por la trayectoria perfecta. Reconoce que la duda no invalida el avance; a menudo lo acompaña.
Por eso, el coraje que propone no es épico, sino sostenido: levantarse, decidir algo pequeño y continuar. Como señaló Søren Kierkegaard en *Fear and Trembling* (1843), hay saltos de fe que no se justifican con certezas previas; se justifican en la acción misma. [...]