Desear amor es profundamente humano, pero Strayed advierte contra convertir ese deseo en un derecho. Cuando alguien siente que “merece” ser amado por lo que ha dado, por lo que ha esperado o por lo que ha sufrido, el vínculo se vuelve una contabilidad moral: yo te entrego algo y tú me debes algo.
Sin embargo, el amor no funciona como deuda. Incluso la reciprocidad—tan sana cuando ocurre—no puede exigirse como una obligación. Al reconocer esa diferencia, se abre una transición importante: del reclamo hacia la aceptación de que la voluntad del otro es un territorio que no se conquista. [...]