A lo largo de la historia, la duda ha impulsado tanto la filosofía como la ciencia. Desde Sócrates hasta Descartes, cuestionar es la base de todo conocimiento. Sin embargo, Shakespeare juega con este principio al usar la duda como contraste: llevándola hasta lo absurdo ('duda que la verdad sea mentirosa') para resaltar, por oposición, el carácter indudable de su amor. Así, el amor se plantea como lo único verdaderamente incuestionable. [...]