Por otra parte, la dificultad de decir con palabras lo que la pintura afirma conecta con una intuición filosófica: Wittgenstein escribió en el Tractatus (1922) que “de lo que no se puede hablar, hay que callar”. El arte rompe ese silencio proponiendo otra gramática. Susan Sontag, en Against Interpretation (1964), pidió menos explicación y más experiencia; O’Keeffe encarna esa consigna: su obra no pide ser descifrada, sino sentida. De este modo, la pintura no comenta el mundo—lo presenta de nuevo, como si fuese la primera vez. [...]