Construir puentes exige exponerse: decir lo que importa puede traer rechazo, conflicto o pérdida. Lorde lo plantea sin ingenuidad: el silencio puede parecer seguro, pero termina aislando y debilitando. En su marco, el riesgo de hablar no es una falla del proceso, sino su costo inevitable.
Aun así, ese riesgo también revela poder. Cuando alguien afirma su verdad en un entorno que la minimiza, no solo se defiende: crea una posibilidad para que otros también hablen. La voz se vuelve puente porque inaugura tránsito: el paso de la vergüenza al lenguaje, del miedo a la acción. [...]