Además, la frase apunta a una verdad psicológica: el tiempo no se siente igual cuando estamos absortos en una tarea. La atención modifica la duración percibida; unos minutos de incertidumbre pueden parecer eternos, mientras una hora de trabajo significativo puede transcurrir con ligereza. En consecuencia, hacer otra cosa altera no el reloj, sino la experiencia íntima del reloj.
La psicología contemporánea ha estudiado este fenómeno en relación con la atención y la rumiación. Cuando una persona se concentra obsesivamente en lo que falta, el malestar se intensifica. En cambio, al involucrarse en otra actividad, reduce la carga emocional de la espera. Savile, con notable sencillez, anticipa esa intuición moderna. [...]