A partir de ahí aparece un patrón familiar: “cuando termine este proyecto, cuando ascienda, cuando pague esta deuda… entonces viviré”. Sin embargo, ese “después” suele moverse como el horizonte, porque nuevas metas reemplazan a las antiguas y el descanso queda eternamente aplazado.
En la práctica, muchas personas descubren que incluso los logros se sienten breves o huecos: se celebra un minuto y se vuelve a correr. La frase de Ross pone el dedo en esa ilusión temporal: no se puede posponer la presencia sin costo, porque la ausencia se acumula en forma de relaciones descuidadas, salud debilitada y recuerdos que nunca se construyeron. [...]