La palabra “arrepintiéndote” aparece como el núcleo emocional de la cita, y precisamente por eso Oliver le cambia el marco. En lugar de negar que haya errores, niega que el arrepentimiento deba convertirse en humillación prolongada. Es un desplazamiento importante: reconocer el daño puede ser saludable, pero convertirlo en identidad perpetua puede ser destructivo.
De este modo, el arrepentimiento deja de ser un ritual para complacer a otros y se vuelve un acto íntimo de conciencia. La transición es sutil: no se elimina la responsabilidad, se elimina la necesidad de castigarse para sentirse responsable. [...]