Sin embargo, si todo puede convertirse en “copia”, surge la pregunta incómoda: ¿de quién es la historia? Ephron no solo abre una puerta creativa, también obliga a pensar en la responsabilidad. Tomar experiencias ajenas —familia, parejas, amistades— y transformarlas en obra puede ser revelador, pero también puede herir, exponer o simplificar vidas complejas.
Por eso, la frase funciona mejor cuando se acompaña de criterios: cambiar detalles identificables, combinar fuentes, proteger intimidades y preguntarse qué se gana y qué se pierde al publicar. La creación, entonces, no se limita a “usar” la vida, sino a decidir con cuidado qué partes merecen convertirse en relato. [...]