
El olor en el folclore revela más que la vista la verdadera naturaleza de las cosas. — Jun’ichirō Tanizaki
—¿Qué perdura después de esta línea?
La Primacía del Olfato en la Cultura Tradicional
Desde el inicio, Tanizaki destaca el papel crucial del olfato en el folclore, sugiriendo que trasciende la mera percepción visual. En muchas culturas, el aroma está íntimamente ligado a la identidad, los recuerdos y la autenticidad de objetos y personas. De este modo, el olor se convierte en un sensor más confiable de la esencia verdadera, superando lo superficial que capta la vista.
Aromas como Señales de lo Sobrenatural
Siguiendo esta idea, es común que en cuentos y leyendas los aromas sirvan para develar lo oculto o identificar presencias sobrenaturales. Por ejemplo, en relatos japoneses como los de Lafcadio Hearn, los yokais o espíritus suelen anunciarse a través de perfumes inusuales, permitiendo que los personajes reconozcan lo que a menudo permanece invisible ante los ojos.
La Ambigüedad de las Apariencias Visuales
Si bien la vista es nuestro sentido dominante en la vida urbana, Tanizaki recuerda cómo en el universo folclórico las apariencias pueden engañar. Un objeto hermoso puede encerrar en realidad un mal, y sólo el olfato —capaz de advertir la corrupción, la pureza o la magia— ofrece una vía más directa de acceso a la verdad. Así, la narración oral recurría frecuentemente a descripciones olfativas para delinear el carácter de lo contado.
Ejemplos Literarios y Filosóficos
Planteando un puente con la literatura, en 'El elogio de la sombra' (1933), Tanizaki aborda cómo las fragancias y el claroscuro ofrecen matices de significado en las artes y rituales japoneses. Similarmente, en la filosofía occidental, autores como Marcel Proust ilustran el poder evocador de los olores, que resucitan instantes pasados más vívidamente que una imagen. Así, el olfato, según ambas tradiciones, es un canal privilegiado hacia la esencia.
Revalorizando los Sentidos Menospreciados
Finalmente, el aforismo de Tanizaki nos invita a reconsiderar la jerarquía de los sentidos: en una época donde predomina lo visual, conviene recordar el valor interpretativo del olfato. Retomar la atención a los aromas en lo cotidiano —como se hacía en el folclore— puede abrirnos a dimensiones ocultas del mundo y de nosotros mismos, rescatando una sensibilidad antigua que aún tiene mucho que revelarnos.
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