Del rechazo a la acción: cambiar lo inaceptable

Copiar enlace
3 min de lectura
Ya no acepto las cosas que no puedo cambiar. Estoy cambiando las cosas que no puedo aceptar. — Angel
Ya no acepto las cosas que no puedo cambiar. Estoy cambiando las cosas que no puedo aceptar. — Angela Y. Davis

Ya no acepto las cosas que no puedo cambiar. Estoy cambiando las cosas que no puedo aceptar. — Angela Y. Davis

Del límite a la posibilidad

Para empezar, la frase desplaza el énfasis de la resignación a la agencia: en lugar de aceptar lo dado, propone volver inaceptable aquello que perpetúa daño y, acto seguido, intervenir. No es un arrebato voluntarista, sino un reencuadre del poder cotidiano: la negativa se vuelve punto de partida y no punto final. Así, la conciencia de los límites no clausura el deseo de transformación; lo orienta.

Un lema forjado en la biografía

Luego, la vida de Angela Y. Davis confirma la consistencia de esta ética. Tras ser acusada en 1970 y encarcelada, la campaña global Free Angela articuló sindicatos, iglesias y estudiantados hasta su absolución en 1972. Su Autobiography (1974) narra cómo esa red convirtió un caso individual en causa pública, cambiando el terreno político. La lección es nítida: lo inaceptable —la persecución política— se confronta organizando mayorías y disputando relato.

Crítica que crea instituciones

A continuación, su pensamiento convierte la denuncia en programa. En Are Prisons Obsolete? (2003), Davis muestra que el complejo carcelario no es un destino, sino una elección histórica reemplazable por justicia transformativa, vivienda, salud mental y educación. Más tarde, Freedom Is a Constant Struggle (2016) enlaza Ferguson con Palestina para subrayar que cambiar lo inaceptable exige alternativas concretas y solidaridades que crucen fronteras. La crítica, así, deja de ser queja y deviene diseño institucional.

Intersección de luchas y umbral de lo aceptable

Más aún, Women, Race & Class (1981) demuestra que raza, género y clase se entrelazan, por lo que el umbral de lo aceptable no puede definirse desde un único eje. De ese análisis brotan prioridades compartidas: erradicar la violencia estatal y doméstica, combatir la precariedad y el racismo ambiental, y democratizar el trabajo de cuidados. Al ampliar el foco, la consigna deja de ser individualista y se vuelve mapa para coaliciones amplias.

Tácticas que mueven estructuras

Concretamente, cambiar lo inaceptable requiere herramientas combinadas: boicots, huelgas, litigio estratégico, presupuestos participativos, sindicalización y pedagogías populares. El boicot de autobuses en Montgomery (1955–56) reconfiguró una ciudad; décadas después, Black Lives Matter (desde 2013) impulsó reformas locales de uso de fuerza y transparencia. Como subraya Freedom Is a Constant Struggle (2016), las victorias parciales se encadenan cuando las luchas dialogan entre sí y comparten infraestructura.

Esperanza disciplinada y cuidado colectivo

Por último, sostener cambios pide una esperanza con método: medir avances, cuidar a quienes cuidan y celebrar lo logrado para seguir. Davis insiste en que la alegría compartida y la educación política son combustible de largo aliento, no ornamentos. Así, la consigna inicial se redondea: no aceptamos para negarnos a vivir, sino para abrir posibilidades comunes donde antes solo había destino. Cambiar lo inaceptable se vuelve un hábito colectivo, no un gesto ocasional.