Riqueza, humildad y el retiro según Laozi

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Cuando la riqueza y el jade colman la casa, nadie puede conservarlos; si en la riqueza y el honor uno se vuelve altivo, se busca su propia desgracia. Cumplida la obra, retirarse: ese es el camino del Cielo. - Laozi

La trampa de la casa colmada de riquezas

Laozi comienza advirtiendo sobre el exceso material: “cuando la riqueza y el jade colman la casa, nadie puede conservarlos”. No critica la riqueza en sí, sino la ilusión de que lo lleno permanecerá siempre lleno. En la tradición taoísta, todo lo que llega a un extremo inicia de inmediato su movimiento opuesto; por eso, una casa rebosante de tesoros está ya, en cierto modo, empezando a vaciarse. Así, esta sentencia introduce una desconfianza sana hacia la acumulación ilimitada y prepara la reflexión sobre el comportamiento del individuo frente al éxito.

Del tener al ser: el peligro de la altivez

Desde la crítica al exceso material, Laozi pasa al exceso interior: “si en la riqueza y el honor uno se vuelve altivo, se busca su propia desgracia”. La riqueza y el prestigio no son el problema, sino el modo en que transforman el carácter. Cuando el éxito se convierte en soberbia, deja de ser un don y se vuelve una trampa. En muchas crónicas chinas de la antigüedad, cortesanos favorecidos por el emperador caen en desgracia precisamente al volverse arrogantes, confirmando la intuición de que el orgullo desata fuerzas de envidia, resistencia y, finalmente, caída.

El ciclo natural del auge y la retirada

Tras señalar el riesgo de la altivez, Laozi ofrece una salida: “Cumplida la obra, retirarse”. Esta frase condensa una visión cíclica de la vida. Igual que las estaciones se suceden sin aferrarse al verano ni al invierno, el sabio acepta que incluso sus mayores logros son fases transitorias. En el *Daodejing* (cap. 9) se insiste en que tensar demasiado el arco lo rompe; del mismo modo, prolongar el protagonismo más allá de su tiempo natural provoca desgaste y conflicto. La retirada no es fracaso, sino respeto a los ritmos de la existencia.

Retirarse a tiempo como sabiduría práctica

Llevando esta idea al terreno práctico, Laozi sugiere que saber detenerse es tan importante como saber avanzar. Un funcionario que dimite tras un mandato exitoso, un empresario que deja la cima antes de que el mercado lo derribe, o un artista que se retira en plenitud encarnan este principio. No huyen del mundo, sino que reconocen que el mérito cumplido no necesita prolongarse indefinidamente. Esta renuncia voluntaria desactiva la envidia, reduce los conflictos y protege la integridad interior de quien ha conocido la fama y la fortuna.

El “camino del Cielo”: armonía con el Dao

Finalmente, Laozi concluye: “ese es el camino del Cielo”. Con ello no apela a un castigo externo, sino a la ley profunda del Dao: todo lo que sube demasiado se desploma, todo lo que se hincha termina por estallar. Ajustarse al “camino del Cielo” significa vivir en consonancia con esta dinámica, sin luchar contra la impermanencia. Así, la enseñanza integra tres pasos encadenados: desconfiar del exceso, vigilar la soberbia que el éxito fomenta y practicar el retiro oportuno. Juntos, estos movimientos trazan una ética de sobriedad y humildad como forma de verdadera seguridad.