Abrir espacio al asombro para transformarnos
Haz espacio para el asombro; abre la puerta al cambio. — Chimamanda Ngozi Adichie
El asombro como punto de partida
La invitación de Chimamanda Ngozi Adichie a “hacer espacio para el asombro” nos sitúa ante una actitud inicial: permitir que algo nos sorprenda antes de juzgarlo. Este asombro no es ingenuidad, sino una disposición deliberada a mirar el mundo sin darlo todo por sentado. Así como en sus conferencias sobre “el peligro de una sola historia” insiste en cuestionar los relatos únicos, aquí propone una pausa interna donde la curiosidad supera a la certeza. Desde ese primer gesto, se abre la posibilidad de percibir matices, contradicciones y nuevas perspectivas que, de otro modo, pasarían inadvertidas.
De la curiosidad a la escucha profunda
A partir del asombro surge una curiosidad que no se queda en la superficie, sino que nos empuja a escuchar con más atención. Cuando dejamos de creer que ya lo sabemos todo sobre una persona, una cultura o una idea, empezamos a hacer preguntas distintas. En “Americanah” (2013), Adichie muestra cómo la protagonista, Ifemelu, aprende a escuchar y nombrar las experiencias raciales en Estados Unidos y Nigeria, precisamente porque se permite dudar y observar. El asombro se convierte, entonces, en un motor de escucha que desafía prejuicios, estereotipos y certezas rígidas.
Abrir la puerta interna al cambio
Desde esa escucha renovada, la frase da un paso más: “abre la puerta al cambio”. No basta con admirarse; es necesario aceptar que lo que descubrimos puede transformarnos. Abrir una puerta implica riesgo: renunciar a la comodidad de tener respuestas fijas. Sin embargo, también significa ganar libertad para revisar nuestras opiniones, hábitos y afectos. En “Todos deberíamos ser feministas” (2014), Adichie muestra cómo reconocer las desigualdades de género obliga a cambiar no solo leyes, sino también actitudes cotidianas. El cambio empieza dentro, con la valentía de dejar pasar nuevas ideas a nuestra casa mental.
La ruptura de historias únicas y etiquetas
El asombro también erosiona las etiquetas simplificadoras. Cuando Adichie denuncia las “historias únicas”, señala cómo encasillamos países, comunidades o individuos en un solo relato, impidiendo que cambien ante nuestros ojos. Al sorprendernos frente a la complejidad de una persona migrante, de una mujer que desafía roles tradicionales o de un país africano reducido a clichés, la puerta al cambio colectivo se entreabre. De este modo, el asombro desarma los discursos que fijan identidades de una vez por todas y nos invita a narrar y escuchar historias más amplias, contradictorias y humanas.
Crecimiento personal y transformación social
La frase de Adichie funciona simultáneamente en la esfera íntima y en la social. A nivel personal, hacer espacio para el asombro nos ayuda a reconocer que no somos versiones definitivas de nosotros mismos, sino procesos en marcha. A nivel colectivo, esa misma actitud puede sustentar cambios culturales: desde revisar tradiciones injustas hasta replantear políticas públicas. Igual que en “Medio sol amarillo” (2006) examina la historia de Nigeria desde múltiples voces, la autora sugiere que una sociedad dispuesta a asombrarse de sus propias contradicciones estará mejor preparada para reformarse sin negar su pasado.
Una práctica cotidiana de apertura
Finalmente, la propuesta de “hacer espacio” apunta a una práctica diaria más que a una revelación aislada. Implica reservar momentos para cuestionar automatismos: escuchar a quien pensamos que discrepa de nosotros, leer autores de contextos distintos, admitir que podemos estar equivocados. Cada pequeño gesto de apertura funciona como una rendija por la que entra aire nuevo. Así, el asombro deja de ser un chispazo esporádico y se convierte en un hábito que mantiene abierta la puerta al cambio, recordándonos que vivir con atención es también una forma de reinventarnos continuamente.