Reinventar el mundo: la invitación de Paine

Copiar enlace
3 min de lectura

Tenemos en nuestro poder la capacidad de empezar el mundo de nuevo. — Thomas Paine

Una afirmación audaz de posibilidad

Cuando Thomas Paine afirma que “tenemos en nuestro poder la capacidad de empezar el mundo de nuevo”, no está exagerando de forma poética, sino trazando un horizonte político y moral. La frase, surgida en el contexto de las revoluciones del siglo XVIII, condensa la idea de que el orden social no es un destino fijo, sino una construcción humana revisable. Así, desde el inicio, Paine desplaza la mirada del fatalismo a la responsabilidad, sugeriendo que el verdadero límite del cambio no es la historia pasada, sino la imaginación y el coraje presentes.

Contexto revolucionario y ruptura con el pasado

Para comprender la fuerza de esta idea, conviene situarla en su época. En “Common Sense” (1776), Paine defendió que las colonias americanas no estaban obligadas a someterse a una monarquía hereditaria; podían fundar una república nueva. De este modo, su frase es eco directo de un momento en que los pueblos empezaban a cuestionar la “inevitabilidad” de reyes y privilegios. Al declarar posible “empezar el mundo de nuevo”, Paine proponía romper con la reverencia automática hacia las tradiciones, sin por ello negar el valor de la experiencia histórica.

De súbditos pasivos a agentes de cambio

A partir de esta ruptura, la cita invita a una transformación del sujeto político: de súbdito a ciudadano. Si el mundo puede rehacerse, entonces las personas no son meros espectadores de los acontecimientos, sino autores potenciales de nuevas instituciones y normas. Este giro recuerda a la noción ilustrada de autonomía descrita por Kant en su “Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la Ilustración?” (1784), donde la mayoría de edad consiste en atreverse a pensar por uno mismo. Paine añade: no solo pensar, sino también construir colectivamente otro orden más justo.

Responsabilidad ética en la reinvención

Sin embargo, la idea de empezar de nuevo no equivale a borrar el pasado sin más. Más bien exige una responsabilidad ética: seleccionar qué estructuras perpetúan la injusticia y cuáles conviene preservar o transformar. Experiencias posteriores, como la Revolución Francesa, mostraron que la voluntad de ruptura puede derivar tanto en avances de derechos como en violencia descontrolada. Por eso, la frase de Paine sugiere un doble movimiento: la audacia de rediseñar el mundo y la prudencia de aprender de los errores históricos, evitando repetir viejas opresiones con nuevos nombres.

Vigencia contemporánea de la promesa

Hoy, frente a desafíos como la crisis climática o las desigualdades globales, la declaración de Paine adquiere un nuevo matiz. Empezar el mundo de nuevo ya no se refiere solo a constituciones y gobiernos, sino también a modelos económicos, energéticos y culturales. Iniciativas como el Acuerdo de París (2015) encarnan tímidamente esta ambición de rediseño colectivo. Así, la frase se actualiza como recordatorio de que nuestras decisiones tecnológicas, políticas y cotidianas siguen teniendo un poder constituyente: pueden acercar o alejar la posibilidad de un mundo reempezado en clave de justicia y sostenibilidad.

De la inspiración a la acción concreta

En última instancia, la potencia de la cita reside en su capacidad para traducir esperanza en tarea. Paine no ofrece un consuelo abstracto, sino un llamado a organizarse, deliberar y experimentar nuevas formas de convivencia. Como muestran los movimientos sociales que han impulsado derechos civiles, laborales o de género, cada generación tiene oportunidades propias de “recomenzar” ciertas partes del mundo. De este modo, la frase deja de ser un eslogan grandilocuente y se convierte en brújula cotidiana: pregunta qué mundo estamos ayudando, con actos pequeños y grandes, a empezar de nuevo hoy.