De la preocupación estéril a la acción consciente

Convierte la preocupación en tarea: estudia el problema y compón una solución. — Desmond Tutu
Del peso de la preocupación a su utilidad
Desmond Tutu invita a transformar la preocupación, que suele paralizar, en una tarea concreta. La preocupación, por sí sola, consume energía mental sin producir cambios reales, como cuando repasamos en la mente el mismo problema una y otra vez sin dar un solo paso adelante. Sin embargo, al convertir esa inquietud en acción estructurada, deja de ser una carga difusa y se vuelve un motor de cambio. Así, la emoción que antes nos angustiaba se convierte en una señal útil: indica que hay algo que requiere nuestra atención y planificación, no sólo nuestro miedo.
Estudiar el problema: del miedo a la claridad
El primer paso que propone la frase es “estudia el problema”. Esto significa pasar de la reacción emocional al análisis sereno: recopilar datos, preguntar, observar causas y consecuencias. De forma similar a como un médico no se queda en el síntoma sino que busca el diagnóstico, Tutu sugiere mirar de frente aquello que nos inquieta. Al hacerlo, el problema pierde parte de su carácter amenazante y se vuelve más concreto. A medida que comprendemos mejor la situación, dejamos de sentirnos víctimas de lo desconocido y recuperamos una sensación de control y orientación.
Componer una solución: creatividad con propósito
Una vez comprendido el problema, la preocupación se puede canalizar en la creación de soluciones. “Componer” una solución implica más que reaccionar: supone diseñar opciones, valorar riesgos y recursos, e incluso pedir ayuda. En este sentido, la frase de Tutu se acerca al método científico básico: observar, formular hipótesis y probar respuestas. Del mismo modo que en movimientos sociales se transforman injusticias en campañas y leyes nuevas, a nivel personal podemos convertir la ansiedad en planes concretos, paso a paso, que nos acerquen a un resultado deseado.
Responsabilidad personal frente a la impotencia
La transición de preocupación a tarea también implica asumir responsabilidad. En vez de quedarse en el lamento o la queja, la persona se reconoce como agente capaz de intervenir, aunque sea en un aspecto pequeño del problema. Esta actitud recuerda a la conocida oración atribuida a Reinhold Niebuhr sobre aceptar lo que no se puede cambiar y tener valor para cambiar lo que sí se puede. Al identificar el margen de acción propio, se reduce la sensación de impotencia y se fortalece la confianza en la capacidad de influir en la realidad, aunque no se logre una solución perfecta.
Aplicación cotidiana: de los grandes dilemas a lo diario
Aunque Tutu fue una figura clave contra el apartheid, su consejo es aplicable también a los desafíos diarios: preocupaciones económicas, conflictos familiares o decisiones laborales. En lugar de rumiar qué podría salir mal, se puede listar opciones, trazar un plan y calendarizar acciones concretas. Así, cada pequeña tarea completada erosiona la montaña de ansiedad inicial. La preocupación deja de ser una niebla abrumadora y se transforma en una serie de pasos manejables que, encadenados, construyen cambios reales y devuelven una sensación de dignidad y propósito.
Un estilo de vida orientado a la acción consciente
Finalmente, convertir la preocupación en tarea no es sólo una técnica aislada, sino una forma de estar en el mundo. Supone entrenar la mente para pasar del “¿y si todo va mal?” al “¿qué puedo hacer hoy, aunque sea pequeño?”. Esta mentalidad, repetida a lo largo del tiempo, construye resiliencia: aprendemos que, frente a la incertidumbre, siempre existe algún gesto constructivo posible. Así, el legado de Tutu trasciende la lucha política y se convierte en una brújula personal: mirar de frente los problemas, estudiarlos con honestidad y responder con acciones concretas que encarnen nuestros valores.