Bailar con la incertidumbre y decidir en movimiento

Baila con la incertidumbre; el impulso favorece a quienes están dispuestos a moverse antes de que lleguen las respuestas. — Nâzım Hikmet
Aceptar la incertidumbre como punto de partida
La frase de Nâzım Hikmet nos invita, ante todo, a dejar de esperar un mundo sin dudas. En lugar de obsesionarnos con tener todas las respuestas, propone reconocer que la incertidumbre es la condición normal de la vida. Como en el teatro de improvisación, donde los actores entran en escena sin guion cerrado, nuestra existencia se despliega mientras actuamos, no antes. Esta aceptación no es resignación, sino un cambio de mirada: en vez de ver la incertidumbre como amenaza, la vemos como un espacio fértil donde puede nacer lo nuevo.
El impulso como energía creadora
Desde ahí, la cita destaca el valor del impulso: esa fuerza inicial que nos hace dar el primer paso aun cuando no vemos el camino completo. Similar a lo que William James describía como “la voluntad de creer”, el impulso no es un salto ciego, sino una confianza activa que rompe la parálisis del análisis eterno. Muchas creaciones artísticas y científicas —desde los primeros bocetos de Picasso hasta los prototipos toscos de los inventores— comenzaron con un gesto impulsivo, imperfecto, pero decisivo.
Moverse antes de entenderlo todo
A continuación, Hikmet subraya algo incómodo: el movimiento auténtico suele llegar antes que la comprensión plena. En emprendimiento, por ejemplo, el enfoque de “lean startup” defiende lanzar versiones mínimas y aprender sobre la marcha, en lugar de esperar al plan perfecto. Del mismo modo, en la vida personal, cambiar de ciudad, estudiar otra disciplina o terminar una relación rara vez se hace con certeza absoluta; la claridad suele aparecer después del paso dado, como si el camino solo se iluminara cuando los pies ya están en marcha.
El riesgo de esperar respuestas definitivas
En contraste, esperar pasivamente a que lleguen todas las respuestas puede volverse un refugio disfrazado de prudencia. Platón, en su *Apología*, muestra a Sócrates cuestionando la falsa seguridad de quienes creen saberlo todo; aquí, Hikmet cuestiona la inacción de quienes exigen garantías antes de actuar. En mercados laborales cambiantes o contextos políticos inestables, aferrarse a la ilusión de certezas absolutas suele llevar al estancamiento, mientras el entorno se transforma sin nosotros.
Bailar: una metáfora para la flexibilidad
La elección del verbo “bailar” no es casual: bailar con la incertidumbre implica coordinación, escucha y adaptación continua. Como en el tango o el jazz, donde la improvisación dialoga con una estructura básica, la vida requiere combinar un mínimo de dirección con la capacidad de ajustar cada paso. Esta metáfora sugiere ligereza y juego: en lugar de luchar contra lo desconocido, aprendemos a movernos con él, a girar cuando cambia el ritmo y a encontrar belleza en esa interacción inestable.
Forjar coraje práctico en lo cotidiano
Finalmente, la enseñanza de Hikmet se vuelve una ética del día a día: quienes se atreven a moverse antes de tener todas las certezas desarrollan un coraje práctico. No son temerarios, sino personas que se entrenan a decidir con la información disponible, sabiendo que siempre será incompleta. Desde cambiar de trabajo hasta iniciar una conversación incómoda, cada pequeño acto de impulso responsable refuerza la capacidad de “bailar” mejor con lo incierto. Así, el impulso deja de ser un arrebato y se convierte en una forma madura de estar vivo.