La compasión como brújula de cada decisión

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Que la compasión sea el motor que impulse tus decisiones. — Fiódor Dostoievski

El llamado ético de Dostoievski

Cuando Fiódor Dostoievski propone que la compasión sea el motor de nuestras decisiones, plantea una ética radicalmente centrada en el otro. No se trata solo de sentir lástima, sino de permitir que el sufrimiento ajeno oriente nuestras elecciones cotidianas. Así, la compasión deja de ser un sentimiento pasajero para convertirse en un principio rector. En novelas como “Crimen y castigo” (1866), el autor muestra cómo los personajes se transforman precisamente cuando dejan de mirarse solo a sí mismos y reconocen el dolor del prójimo, sugiriendo que la verdadera libertad nace al asumir responsabilidad por el otro.

De la empatía al compromiso concreto

Sin embargo, Dostoievski no se detiene en una empatía meramente emocional; su obra insiste en que sentir no basta si no conduce a la acción. De este modo, la compasión como motor implica pasar del “comprendo tu dolor” al “actúo para aliviarlo”. En “Los hermanos Karamázov” (1880), el ideal de amor activo que defiende el starets Zósima ilustra esta transición: no basta con indignarse ante la injusticia, es necesario modificar comportamientos, decisiones económicas, relaciones familiares y hasta juicios morales. Así, la compasión deja de ser un adorno moral y se vuelve una fuerza transformadora de la realidad.

Decidir desde el rostro del otro

A partir de esta idea, cada decisión se vuelve una respuesta a un rostro concreto, no a una abstracción. Filósofos como Emmanuel Lévinas, siglos después, insistirán en que el rostro del otro nos reclama una responsabilidad ineludible, muy en la línea de la sensibilidad dostoievskiana. De manera similar, cuando elegimos palabras, normas o políticas guiados por la compasión, dejamos de preguntarnos solo “¿me conviene?” para abrir otra pregunta: “¿a quién hiere esto y cómo puedo evitarlo?”. La decisión deja de ser un ejercicio solitario de cálculo y se convierte en un diálogo silencioso con quienes padecerán sus consecuencias.

La compasión frente al egoísmo y la indiferencia

Este enfoque contrasta frontalmente con el egoísmo moderno y la indiferencia cotidiana. En muchos de sus relatos, Dostoievski confronta la frialdad de personajes ensimismados con figuras capaces de sacrificarse por desconocidos, casi como si presentara dos caminos civilizatorios opuestos. Cuando la ambición, el orgullo o el miedo son el motor de las decisiones, el resultado suele ser fragmentación y violencia. En cambio, cuando la compasión ocupa ese lugar central, incluso las renuncias personales cobran sentido. Así, lo que podría verse como debilidad se revela como una forma de fuerza moral, capaz de oponerse a sistemas que legitiman el sufrimiento como “daño colateral”.

Construir una vida y una sociedad compasivas

Finalmente, hacer de la compasión el motor de las decisiones implica diseñar una forma de vida entera, no solo actos aislados de bondad. En el plano personal, supone revisar hábitos de consumo, maneras de trabajar y de relacionarse, preguntándose a quién benefician y a quién excluyen. En el plano colectivo, invita a imaginar leyes, instituciones y economías cuyo criterio de éxito incluya la disminución del sufrimiento evitable, como ya sugieren enfoques de justicia social contemporáneos. Así, la frase atribuida a Dostoievski deja de sonar a simple exhortación moral y se convierte en un proyecto: que cada decisión, desde la más íntima hasta la política, sea examinada a la luz de su impacto compasivo.