Curiosidad y compasión como ruta de vida

Copiar enlace
3 min de lectura
Entra en el día como si la curiosidad fuera tu brújula y la compasión tu mapa. — Haruki Murakami
Entra en el día como si la curiosidad fuera tu brújula y la compasión tu mapa. — Haruki Murakami

Entra en el día como si la curiosidad fuera tu brújula y la compasión tu mapa. — Haruki Murakami

Una brújula llamada curiosidad

Al imaginar la curiosidad como una brújula, la frase de Murakami nos invita a orientarnos por el deseo de aprender. No se trata solo de acumular datos, sino de mantener una actitud de asombro frente a lo cotidiano: preguntar por qué las cosas son como son, qué historias laten detrás de cada rostro, qué posibilidades se esconden en cada situación. Así como una brújula apunta siempre al norte, la curiosidad apunta hacia lo desconocido y nos anima a movernos, evitando que quedemos atrapados en la inercia o el cinismo.

La compasión como mapa del camino

Sin embargo, una brújula por sí sola no basta; hace falta un mapa que señale rutas más humanas. Ahí entra la compasión: la capacidad de reconocer el sufrimiento propio y ajeno, y de responder con cuidado. Ver la compasión como un mapa implica que no solo importa a dónde vamos, sino cómo llegamos y a quién tocamos en el trayecto. En las narraciones de Murakami, personajes solitarios encuentran, a menudo, pequeños gestos de bondad que reorientan sus vidas, recordándonos que el rumbo más sabio está tejido de empatía.

Equilibrar saber y sentir

A partir de aquí, se vuelve claro que curiosidad sin compasión puede volverse fría o incluso invasiva, mientras que compasión sin curiosidad corre el riesgo de caer en la rutina o en la condescendencia. Al combinar ambas, el conocimiento se vuelve más humilde y el cuidado más lúcido. Esta tensión creativa recuerda al diálogo socrático en los textos de Platón, donde el impulso por indagar va acompañado de un profundo interés por el bien del otro, construyendo relaciones que transforman tanto a quien pregunta como a quien responde.

Vivir el día como una exploración

Si trasladamos esta metáfora a la vida diaria, cada mañana se convierte en una expedición. Ir al trabajo, conversar con la familia o hacer una fila en el supermercado dejan de ser actos automáticos y se transforman en oportunidades para explorar y cuidar. La psicología positiva, desde Martin Seligman (2002), ha mostrado que quienes cultivan curiosidad y actos de amabilidad reportan mayor bienestar. En este sentido, “entrar en el día” ya no es soportar horas, sino entrar en un territorio nuevo donde cada encuentro puede ser un descubrimiento significativo.

Una ética silenciosa para tiempos inciertos

Finalmente, en un mundo marcado por la prisa y la polarización, vivir con la curiosidad como brújula y la compasión como mapa se vuelve una forma discreta de resistencia ética. Sin grandes discursos, esta actitud cuestiona la indiferencia y el juicio rápido, proponiendo en su lugar la pregunta abierta y la escucha atenta. De manera similar a cómo los protagonistas de novelas como *Kafka en la orilla* avanzan en medio de la confusión guiados por intuiciones sutiles, nosotros también podemos atravesar la incertidumbre diaria manteniendo el rumbo con curiosidad y el trayecto humanizado por la compasión.