Despejar la duda para abrir posibilidades

Cuando despejas un rincón de duda, el resto de la habitación se llena de posibilidad. — Haruki Murakami
Una metáfora espacial de la mente
Murakami convierte la duda en un objeto físico: un rincón que ocupa lugar, como si la mente fuera una habitación con muebles invisibles. Al imaginarla así, la incertidumbre deja de ser una nube abstracta y se vuelve algo que puede ordenarse, moverse o iluminarse. A partir de esa imagen, el acto de “despejar” no suena a negar lo que sentimos, sino a hacer espacio. La frase sugiere que la claridad no llega necesariamente como una respuesta total, sino como un cambio de distribución interior: basta liberar un área para que el resto se transforme.
La duda como bloqueo de energía
En la vida cotidiana, la duda rara vez se queda quieta: se expande y coloniza decisiones pequeñas hasta volver pesada cualquier acción. Por eso, cuando Murakami habla de un rincón, está señalando que la duda tiene un punto de origen concreto—una pregunta específica, un temor puntual—que suele pasar desapercibido. Al identificar ese foco, el bloqueo pierde fuerza. Incluso si no se resuelve “todo”, el cuerpo y la atención recuperan movilidad. Entonces, lo que antes parecía un pasillo estrecho vuelve a sentirse como un espacio transitable, donde moverse implica menos fricción.
Claridad mínima, cambio máximo
Lo interesante es que no propone eliminar la duda por completo; basta con despejar una parte. Esta idea coincide con cómo a menudo operan los cambios reales: una conversación pendiente, una decisión acotada o una verdad admitida pueden reorganizar un panorama entero. En otras palabras, la posibilidad no siempre depende de sumar recursos, sino de retirar un obstáculo clave. Como cuando una habitación parece más grande solo por quitar una silla mal puesta, la mente puede recuperar amplitud cuando se aclara una sola incertidumbre que estaba mal ubicada.
Del control total al siguiente paso
La frase también cuestiona la fantasía del control total: esperar certeza absoluta antes de actuar suele ser una forma elegante de inmovilidad. En cambio, Murakami sugiere una estrategia más humana: despejar lo suficiente para avanzar. Así, la posibilidad aparece como efecto secundario de un gesto modesto. Al dar “el siguiente paso” con una parte del escenario más limpia, la acción genera información nueva y reduce más dudas. La habitación, entonces, no se ilumina de golpe: se enciende por zonas.
La imaginación como luz disponible
Una vez que la duda cede espacio, lo que llena la habitación no es solo certeza, sino posibilidad. Es decir, no se trata de reemplazar preguntas por respuestas definitivas, sino de recuperar la capacidad de imaginar alternativas sin que el miedo las ahogue. Murakami, cuyo estilo suele moverse entre lo cotidiano y lo inesperado, sugiere que el futuro no necesita estar delineado para ser habitable. Cuando el rincón de duda se despeja, la mente vuelve a jugar, conectar ideas y tolerar lo abierto; y allí nace la sensación de que algo nuevo puede ocurrir.
Una práctica: ordenar para respirar
Llevada a la práctica, la frase invita a buscar el rincón exacto: ¿qué duda, formulada con precisión, está ocupando más espacio del que merece? A veces es una suposición no verificada (“seguro que saldrá mal”), otras un conflicto evitado (“no sé qué quiero”), o una conversación aplazada. Al nombrarla y hacer una acción pequeña—preguntar, escribir, decidir un límite temporal—se despeja ese punto. Y con esa limpieza mínima llega una expansión perceptible: más calma, más margen para intentar, y una habitación mental donde la posibilidad ya no se siente como fantasía, sino como un lugar disponible.