Curiosidad y nuevos mapas en el mismo terreno

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Comienza de nuevo con curiosidad y encontrarás nuevos mapas donde otros ven el mismo terreno. — Haruki Murakami

La mirada del principiante

La invitación de Murakami a comenzar de nuevo con curiosidad sugiere que el paisaje no cambia; cambiamos nosotros y, con ello, el mapa que trazamos. Esta actitud se aproxima al shoshin, la “mente de principiante” del zen, que suspende certezas para dejar espacio a lo inesperado. Shunryu Suzuki (Zen Mind, Beginner’s Mind, 1970) lo formuló así: en la mente del principiante hay muchas posibilidades, en la del experto, pocas. Al entrar de nuevo, vemos rutas invisibles cuando ya no defendemos el camino de siempre. De este modo, la curiosidad no es un adorno emocional, sino un método de exploración. Nos coloca en el umbral entre lo conocido y lo probable, donde un mismo terreno revela capas superpuestas. Primero aceptamos que no lo sabemos todo; luego, nuestra atención empieza a señalar desvíos discretos: un detalle omitido, una conexión latente, una alternativa viable. Ese es el primer trazo del nuevo mapa.

Mapas mentales y ciencia cognitiva

Si cambiamos la disposición interna, cambia nuestra cartografía mental. Edward C. Tolman (1948) mostró que las ratas construyen “mapas cognitivos” del laberinto, es decir, representaciones flexibles que permiten hallar nuevas rutas. Más tarde, la teoría del cerebro como máquina de predicción —el procesamiento predictivo asociado a Karl Friston (c. 2005)— explicó que percibimos comparando expectativas con señales del mundo; la curiosidad reduce el sesgo de confirmación al buscar activamente errores de predicción. Así, comenzar de nuevo con curiosidad equivale a recalibrar los modelos internos. George Loewenstein (1994) describió la curiosidad como una brecha de información que nos impulsa a explorar. Cuando admitimos esa brecha, abandonamos atajos automáticos y abrimos rutas alternativas. En términos prácticos, el mapa se enriquece: aparecen vías secundarias y puentes conceptuales antes ignorados, no porque el terreno cambie, sino porque ahora prestamos atención a otros contornos.

Murakami y los paisajes interiores

En la ficción de Murakami, el terreno cotidiano se convierte en umbral hacia lo insólito. En Kafka en la orilla (2002), los personajes se desplazan por ciudades reconocibles, pero sus mapas internos se reescriben al cruzar fronteras simbólicas; algo similar ocurre en 1Q84 (2009–2010), donde un detalle —dos lunas— altera toda la geografía mental del relato. Allí, la realidad no cambia de golpe: cambia la manera de leerla. Incluso en su memoria De qué hablo cuando hablo de correr (2007), el autor sugiere que la repetición no excluye el descubrimiento. Correr por la misma ruta, pero con otra atención, revela variaciones: el ritmo del cuerpo, la luz de la tarde, una esquina inadvertida. Esa poética confirma la tesis: al comenzar de nuevo, los mapas se renuevan porque rehacemos la lectura del terreno.

Innovación: ver posibilidades donde otros ven límites

El mismo principio opera en la ciencia y en los negocios. Thomas S. Kuhn, en The Structure of Scientific Revolutions (1962), describió cómo un cambio de paradigma no añade datos aislados; reconfigura el mapa que les da sentido. De forma análoga, la historia de las notas Post-it de 3M ilustra cómo la curiosidad reframing modela oportunidades: Spencer Silver (1968) obtuvo un adhesivo “demasiado débil”; años después, Art Fry reinterpretó esa limitación como ventaja para marcadores reposicionables (c. 1974). Así, donde algunos ven el mismo terreno —un fallo, una restricción—, la curiosidad compone un mapa con nuevos usos. La clave es la pregunta que cambia el contorno: ¿y si esto fuera una característica y no un defecto? A partir de ahí, la exploración deja de buscar confirmaciones y empieza a experimentar, conectando puntos lejanos hasta delinear rutas inesperadas.

Aprender desdibujando rutas conocidas

El aprendizaje también progresa cuando redibujamos el mapa. Las “dificultades deseables” descritas por Robert A. Bjork (1994) y la práctica de recuperación de Karpicke y Roediger (2008) muestran que interrumpir la rutina —intercalar temas, recordar sin mirar— parece más difícil, pero construye representaciones más ricas. En otras palabras, el terreno se vuelve más exigente y, precisamente por eso, el mapa gana profundidad. Conectando con Murakami, comenzar de nuevo implica no aferrarse a un único sendero de estudio. Alternar enfoques, reformular problemas y variar contextos obliga a notar hitos que antes pasaban desapercibidos. Así, el conocimiento deja de ser una línea recta y se parece más a una red navegable, con múltiples entradas y salidas.

Prácticas cotidianas para empezar de nuevo

Finalmente, traducir la curiosidad en hábito requiere rituales simples. Reencuadrar la jornada con preguntas como “¿qué no estoy viendo?” abre fisuras en lo obvio; un paseo de observación sin auriculares, un diario de ideas con mapas dibujados a mano o una sesión breve de “preguntas imposibles” empujan a cartografiar de otro modo. A continuación, conviene probar microexperimentos: cambiar el orden de tareas, leer a contramano, invertir supuestos clave por un día. Estas prácticas establecen continuidad entre curiosidad y acción. Si el terreno cotidiano permanece, el mapa puede expandirse cada mañana mediante ajustes atentos y repetidos. Con el tiempo, esa gimnasia perceptiva convierte la frase de Murakami en método: volver a empezar no borra lo aprendido, lo reorganiza para descubrir caminos que antes no sabíamos recorrer.