Tejer una vida feroz, amable y consciente

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Recoge los hilos de tus días y teje con ellos algo feroz y amable. — Alice Walker

Los hilos de la experiencia cotidiana

La invitación de Alice Walker comienza con una imagen sencilla: “recoge los hilos de tus días”. Esos hilos son las acciones pequeñas, las rutinas, los recuerdos y hasta los errores que solemos considerar triviales. Sin embargo, al nombrarlos como hilos, la frase sugiere que nada es totalmente inútil; todo puede formar parte de un tejido mayor. Al igual que en los telares tradicionales, donde incluso los restos de lana encuentran un lugar, la vida diaria ofrece materiales que pueden ser transformados. Así, cada encuentro, fracaso o alegría se convierte en un color distinto, listo para ser incorporado en la obra que estamos creando con nuestra propia existencia.

El acto consciente de tejer la propia vida

Tras recoger esos hilos, Walker nos llama a “tejer con ellos”, lo que implica una acción deliberada. No se trata de dejar que los días se acumulen al azar, sino de componerlos con intención, como hace una artesana frente al telar. Esta metáfora recuerda a los mitos griegos de las Moiras, que hilaban y cortaban el destino, pero aquí el poder se traslada a la persona: tú eliges el diseño. Entrecruzar vivencias, valores y decisiones se vuelve un acto creativo, casi político, similar al modo en que en ‘The Color Purple’ (1982), Walker muestra a personajes que, a pesar de la violencia y la opresión, van recomponiendo su identidad hilo a hilo, palabra a palabra.

La ferocidad como fuerza para vivir con coraje

El resultado de este tejido, sin embargo, no es neutro: debe ser “feroz”. Esta ferocidad no remite a la crueldad, sino a una intensidad vital que rehúsa la resignación. Ser feroz es atreverse a poner límites, a reclamar la propia voz, a no suavizarse hasta desaparecer. En las luchas por los derechos civiles en Estados Unidos, de las que Walker ha sido parte, esta ferocidad se tradujo en marchas, escritura comprometida y resistencia obstinada frente a la injusticia. De manera similar, en la vida de cada persona, la ferocidad puede manifestarse en decisiones difíciles: cambiar de rumbo, salir de relaciones dañinas o decir en voz alta aquello que siempre se calló.

La amabilidad como brújula ética y afectiva

Ahora bien, esa misma vida tejida ha de ser también “amable”. Aquí aparece un contrapeso esencial: la fuerza sin cuidado puede ser destructiva. Walker sugiere que el coraje ha de caminar de la mano de la ternura, como recuerda bell hooks en ‘All About Love’ (2000), al defender un amor que no separe justicia de compasión. Ser amable no implica ser sumiso; es decidir no perder la empatía ni con una misma ni con las demás personas. Así, la vida feroz y amable se encarna en gestos concretos: escuchar de verdad, cuidar los vínculos, ofrecer consuelo sin dejar de decir la verdad. La amabilidad se vuelve la textura suave que permite que la ferocidad no hiera gratuitamente.

Integrar la fuerza y la ternura en un solo tejido

Al juntar “feroz y amable” en una sola frase, Walker propone una identidad compleja, lejos de los estereotipos que obligan a elegir entre dureza o delicadeza. El tejido vital que se nos propone conjuga ambos elementos: hilos firmes que no se rompen ante la adversidad y fibras suaves que no hieren al rozar la piel. En la práctica, esto se traduce en una ética de la coherencia: actuar con determinación por lo que se considera justo, pero cuidando las relaciones y reconociendo la vulnerabilidad propia y ajena. De este modo, la vida deja de ser un cúmulo desordenado de días y se convierte en una obra única que refleja, en cada punto, la unión de la valentía y la compasión.

Convertir la frase en una práctica diaria

Finalmente, la cita funciona como una guía concreta para el día a día. Recoger los hilos puede significar revisar la jornada antes de dormir, reconocer qué emociones se sintieron y qué decisiones se tomaron. Tejer algo feroz y amable podría expresarse en pequeños rituales: escribir un diario donde se nombren tanto las luchas como los cuidados, participar en causas colectivas sin olvidar los gestos íntimos de cariño, o aprender a decir “no” desde el respeto. Al repetir este gesto simbólico de recogida y tejido, se va configurando una biografía consciente, donde cada día añade una nueva franja de color. Así, la frase de Walker deja de ser una bella metáfora para convertirse en una práctica sostenida de creación de sentido.