Confiar en uno mismo para aprender a vivir

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En cuanto confíes en ti mismo, sabrás cómo vivir. — Johann Wolfgang von Goethe

El núcleo de la frase de Goethe

Goethe condensa en una sola línea una intuición profunda: el arte de vivir comienza cuando nace la confianza en uno mismo. Antes de eso, las decisiones suelen depender del miedo, de la aprobación ajena o de normas asumidas sin reflexión. Sin embargo, en cuanto aparece esa confianza básica, la persona ya no vive sólo reaccionando, sino eligiendo con cierto aplomo. Así, la frase no promete una vida sin errores, sino un modo de vivir en el que uno se reconoce como protagonista de su propio camino.

Autoconocimiento como raíz de la confianza

Ahora bien, Goethe no habla de una confianza ciega o arrogante, sino de la que nace del autoconocimiento. Cuando una persona se observa con honestidad —sus talentos, límites, miedos y deseos— comienza a confiar en que, pase lo que pase, podrá responder de manera razonable. De manera similar, en la tradición socrática, el “conócete a ti mismo” era condición para una vida buena; aquí, Goethe continúa esa línea: comprender quién eres te permite apoyarte en ti mismo sin idealizarte, aceptando tu imperfección.

Libertad interior frente a la presión externa

A partir de ese autoconocimiento, la confianza interior ofrece un escudo frente a la presión social. Mientras dependemos excesivamente de la mirada ajena, nuestras decisiones se fragmentan entre el deseo propio y el temor a defraudar. En cambio, quien confía en sí mismo escucha críticas y consejos sin quedar prisionero de ellos. Esto recuerda a la idea estoica de Epicteto, para quien la verdadera libertad reside en gobernar la propia mente más que en controlar las circunstancias. La confianza permite entonces vivir de acuerdo con criterios elegidos y no sólo heredados.

Aprender a vivir a través del error

Además, confiar en uno mismo no significa acertar siempre, sino atreverse a actuar aun sabiendo que habrá tropiezos. Goethe, que fue científico, escritor y estadista, conocía bien la experimentación y el error. Por eso su frase puede leerse también así: en cuanto confíes en tu capacidad para aprender de tus fallos, sabrás cómo ir viviendo. Como un artesano que mejora su oficio con cada intento, la persona que se fía de su criterio no se paraliza; transforma cada equivocación en una lección práctica sobre cómo vivir mejor la próxima vez.

Responsabilidad y sentido personal de la vida

Finalmente, esta confianza conduce a asumir responsabilidad sobre la propia existencia. Al dejar de culpar únicamente al destino, a la familia o a la sociedad, surge la pregunta: “¿Qué quiero hacer con lo que me ha tocado vivir?”. En ese punto, la vida deja de ser un guion ajeno y se vuelve proyecto propio. Existencialistas como Viktor Frankl, en “El hombre en busca de sentido” (1946), mostraron cómo incluso en circunstancias extremas el sentido brota de la actitud elegida. Del mismo modo, para Goethe, confiar en uno mismo es el paso decisivo para hacer de la vida algo más que supervivencia: convertirla en una obra consciente.