Ser y Desear: La Libertad de Elegirse

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Una chica debe ser dos cosas: quién y lo que quiere. — Coco Chanel

Identidad y deseo en una sola frase

Al afirmar que una chica debe ser dos cosas, “quién y lo que quiere”, Coco Chanel condensa un programa de vida entero en una oración mínima. En lugar de definir a la mujer por lo que otros esperan de ella, la frase desplaza el foco hacia la propia voz y el propio anhelo. Así, desde el inicio, se plantea una doble exigencia: reconocerse como sujeto con identidad propia y, a la vez, vivir conforme a sus deseos. Esta conjunción une ser y hacer, mostrando que no basta con saber quién se es si la vida cotidiana no refleja ese descubrimiento.

Quién soy: la construcción del propio nombre

Primero aparece el “quién”, que remite a la pregunta por la identidad. En un mundo donde durante siglos las mujeres fueron definidas como hijas, esposas o madres de alguien, Chanel propone que una chica se nombre a sí misma. La historia literaria ofrece ejemplos similares: en “Jane Eyre” (1847), Charlotte Brontë crea una protagonista que insiste en ser vista como sujeto moral autónomo. De este modo, la identidad deja de ser una etiqueta impuesta y se convierte en un proceso activo de autodefinición. Esta base resulta imprescindible para entender el segundo componente de la frase: el deseo.

Lo que quiero: del deber impuesto al deseo propio

Tras la identidad viene el “lo que quiere”, es decir, la capacidad de desear y elegir un rumbo. La transición del “quién” al “qué” señala que conocerse por dentro no tiene sentido si no se traduce en decisiones externas. Simone de Beauvoir, en “El segundo sexo” (1949), denunció cómo la cultura asignaba a las mujeres un destino prefijado. Frente a ello, Chanel sugiere que la chica tiene derecho a anhelar: una profesión, un estilo de vida, un tipo de amor o incluso la decisión de no tenerlo. El deseo se convierte así en motor de autonomía, no en falta que deba reprimirse.

Elegancia como rebeldía: el contexto de Coco Chanel

Para comprender la fuerza de la frase, conviene recordar la biografía de Chanel. Proveniente de un orfanato y de origen humilde, desafió los códigos de la moda de inicios del siglo XX, liberando a las mujeres de corsés y adornos recargados. Su célebre vestido negro sencillo o el traje de tweed simbolizan una feminidad que se mueve, trabaja y decide. Su propia vida fue una demostración práctica de “ser quién quería” y “vivir lo que quería”, aun a costa de críticas y escándalos. De este modo, su máxima no es un eslogan vacío, sino la síntesis de una biografía de ruptura.

De objeto a sujeto: implicaciones feministas

Aunque la frase no emplea un lenguaje abiertamente militante, se enlaza con la tradición feminista que reclama a la mujer como sujeto. Al unir identidad y deseo, Chanel impugna silenciosamente el rol decorativo asignado a las chicas. Autoras como Virginia Woolf, en “Una habitación propia” (1929), defendieron la necesidad de espacio material e intelectual para que las mujeres escriban y piensen por sí mismas. En la misma línea, la consigna de Chanel reclama un espacio simbólico: el derecho a ser alguien definido desde dentro y a orientar la propia vida según esa definición.

Actualidad de la frase en la era de las redes

En un tiempo de redes sociales, filtros y comparaciones constantes, la frase adquiere una nueva resonancia. Hoy muchas chicas se ven presionadas a encajar en ideales estéticos, productivos o emocionales que se muestran como universales. Ante esa marea de modelos externos, “ser quién y lo que quiere” funciona como brújula: invita a preguntarse si las metas que se persiguen son realmente propias o solo respuestas a expectativas ajenas. Al final, la cita sugiere que la verdadera elegancia no reside en la aprobación externa, sino en la coherencia entre la identidad íntima y los deseos que se eligen honrar.