De la facilidad aparente al verdadero crecimiento personal

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No desees que sea más fácil; desea ser mejor. — H. Jackson Brown Jr.
No desees que sea más fácil; desea ser mejor. — H. Jackson Brown Jr.

No desees que sea más fácil; desea ser mejor. — H. Jackson Brown Jr.

El sentido profundo de la frase

Cuando H. Jackson Brown Jr. aconseja “No desees que sea más fácil; desea ser mejor”, invita a cambiar el foco de las circunstancias externas al propio desarrollo interior. En lugar de anhelar que los problemas desaparezcan, propone verlos como escenarios de aprendizaje. Así, la dificultad deja de ser un enemigo y se convierte en un entrenador exigente. Esta perspectiva transforma la queja en responsabilidad: ya no se trata de esperar un camino sin piedras, sino de aprender a caminar mejor sobre él.

De la queja a la responsabilidad personal

A partir de esta idea, el primer giro necesario es dejar de culpar al contexto. Quejarse del jefe, del sistema o de la mala suerte es una forma de renunciar al propio poder de cambio. En cambio, asumir responsabilidad implica preguntarse: “¿Qué puedo mejorar yo aquí?”. Como muestran autores de la psicología humanista como Viktor Frankl en *El hombre en busca de sentido* (1946), incluso en situaciones muy adversas existe un margen de elección interior. Desear ser mejor es reclamar ese margen y actuar desde él.

La dificultad como gimnasio del carácter

Siguiendo esta línea, los retos se asemejan a pesas en un gimnasio: si son demasiado ligeras, no generan fuerza. Un examen complejo, un proyecto ambicioso o una crisis económica obligan a desarrollar nuevas habilidades, igual que un nuevo peso obliga al músculo a crecer. Epicteto, filósofo estoico, afirmaba que los problemas revelan quiénes somos realmente. Al desear ser mejores en lugar de pedir facilidad, aceptamos que el carácter se forja precisamente en el roce con lo difícil.

Mentalidad fija versus mentalidad de crecimiento

Esta frase también enlaza con la “mentalidad de crecimiento” estudiada por Carol Dweck (2006). Quien desea que todo sea más fácil suele partir de una mentalidad fija: cree que sus capacidades son limitadas y teme la frustración. Por el contrario, quien desea ser mejor asume que puede aprender, equivocarse y progresar. Esta visión convierte el error en información valiosa y no en vergüenza. Así, cada fracaso deja de ser un veredicto y pasa a ser un peldaño hacia la mejora continua.

Aplicaciones prácticas en la vida cotidiana

Llevar este principio a la práctica implica pequeños cambios diarios. Ante un trabajo difícil, en vez de pensar “ojalá fuera sencillo”, se puede preguntar “¿qué habilidad necesito desarrollar?”. Al enfrentar conflictos personales, en lugar de desear que el otro cambie, cabe explorar cómo mejorar la propia comunicación o empatía. Incluso al estudiar un tema complejo, cambiar el lamento por curiosidad abre espacio para nuevas estrategias. Así, desear ser mejor se convierte en un hábito que moldea cada decisión.

Una actitud para toda la vida

Finalmente, esta propuesta no es una consigna puntual, sino una forma de vivir. Desear ser mejor hoy prepara al yo de mañana para desafíos aún mayores. La vida no necesariamente se volverá más fácil, pero uno se volverá más capaz, resiliente y sereno. De este modo, la frase de Brown Jr. funciona como brújula: recuerda que el verdadero progreso no consiste en suavizar el mundo, sino en fortalecerse para navegarlo con mayor sabiduría y dignidad.