Cuando la imaginación guía el arte de actuar

Deja que la imaginación tire de las cuerdas de la práctica — Paulo Coelho
Imaginación como motor de la acción
La frase de Paulo Coelho propone una imagen clara: la práctica es un títere cuyos hilos sostiene la imaginación. Lejos de oponer fantasía y disciplina, sugiere que la acción cotidiana cobra sentido solo cuando está guiada por una visión interna. Así, antes de repetir un gesto mil veces, conviene preguntarse qué historia queremos que ese gesto cuente. Del mismo modo que un arquitecto sueña un edificio antes de calcular vigas y cimientos, el ser humano necesita imaginar su destino para que sus esfuerzos no se conviertan en mera inercia.
De la rutina mecánica al propósito consciente
A partir de esta metáfora, se advierte el peligro de una práctica vacía: trabajar, estudiar o entrenar solo por costumbre. Cuando los hilos se cortan, la marioneta se desploma. Coelho invita a lo contrario: que cada repetición se alinee con un propósito imaginado. En *El alquimista* (1988), Santiago no se conforma con cuidar ovejas; su práctica diaria se transforma al servicio de un sueño mayor: encontrar su “leyenda personal”. Así, la rutina deja de ser cárcel y se vuelve puente entre el presente y una posibilidad más amplia.
Creatividad aplicada: de la idea al método
Sin embargo, la imaginación por sí sola puede quedar en simple ensoñación. De ahí que Coelho hable de “cuerdas de la práctica”: la creatividad debe traducirse en métodos, hábitos y experimentos. Los grandes inventores, desde Leonardo da Vinci hasta Nikola Tesla, no solo imaginaban máquinas imposibles; llenaban cuadernos con bocetos, cálculos y pruebas fallidas. De este modo, la imaginación deja de ser un refugio interior para convertirse en guía externa de lo que hacemos cada día, ajustando nuestros procedimientos a la visión que deseamos materializar.
Aprendizaje profundo: jugar con lo que se repite
En el terreno del aprendizaje, permitir que la imaginación tire de las cuerdas significa jugar con la práctica. Un músico que improvisa sobre una escala o un científico que formula hipótesis arriesgadas transforman ejercicios mecánicos en exploración. Estudios sobre educación creativa, como los de Ken Robinson en *The Element* (2009), muestran que los estudiantes que conectan sus tareas con intereses imaginativos perseveran más y alcanzan niveles superiores de dominio. En lugar de repetir por obligación, se practica para ver hasta dónde puede llegar una idea.
Equilibrio entre rigor y sueño
Finalmente, la frase apunta a un equilibrio delicado: ni práctica ciega ni imaginación sin forma. El rigor evita que la fantasía se disuelva en promesas incumplidas, mientras que la visión creativa impide que el esfuerzo se vuelva deshumanizado. En la vida cotidiana, esto se traduce en revisar periódicamente hacia dónde apuntan nuestros hábitos: ¿responden a lo que otros imaginan para nosotros o a lo que nosotros mismos deseamos crear? Cuando la respuesta es honesta y la acción se ajusta a ella, cada pequeño acto se convierte en un hilo más en el tapiz de una vida elegida, no solo vivida.