Caminar En La Oscuridad Con Lo Que Amas

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Enciende una lámpara con lo que amas y camina con ella en la oscuridad. — Safo
Enciende una lámpara con lo que amas y camina con ella en la oscuridad. — Safo

Enciende una lámpara con lo que amas y camina con ella en la oscuridad. — Safo

Una lámpara hecha de amor

Safo nos invita a imaginar que aquello que amamos puede convertirse en una lámpara. No se trata de un objeto físico, sino de transformar afectos, pasiones y vínculos en una fuente de luz interior. Al decir “enciende una lámpara con lo que amas”, sugiere que el amor no es sólo emoción pasiva: es energía capaz de iluminar, orientar y dar calor. Así, lo amado deja de ser un simple deseo para convertirse en una fuerza activa que alumbra la propia vida. Esta metáfora, heredera de la tradición lírica griega, sitúa el amor como un fuego íntimo que, lejos de consumirnos, nos hace visibles incluso para nosotros mismos.

La oscuridad como símbolo de lo desconocido

Ahora bien, la segunda parte del verso nos conduce directamente a la oscuridad. Caminar en ella representa enfrentarse a lo incierto: decisiones vitales, pérdidas, miedos o cambios que no controlamos. En lugar de negar esa oscuridad, Safo propone atravesarla, aceptando que forma parte de la experiencia humana. Al unir la imagen de la lámpara con la noche, el poema sugiere que no caminamos porque haya luz; más bien, encendemos la luz precisamente porque debemos caminar. Así, la oscuridad deja de ser únicamente amenaza y se convierte en el espacio donde el amor demuestra su capacidad de guiarnos.

El amor como guía y brújula interior

A partir de esta unión de luz y sombra, el amor aparece como brújula. No elimina el riesgo ni despeja por completo el camino, pero orienta cada paso. En la poesía de Safo, fragmentos como el célebre “me parece igual a los dioses el hombre que se sienta frente a ti” muestran cómo la presencia de lo amado reorganiza la percepción del mundo. De forma similar, en este verso la lámpara encendida por el amor reorganiza el modo de avanzar en medio de la incertidumbre. No ofrece mapas exactos, pero sí una dirección íntima: seguir lo que da sentido, incluso cuando el entorno permanece en penumbra.

Elegir lo que amas frente al miedo

Además, el poema plantea una elección ética: llevar en la mano lo que amas o caminar a ciegas guiado sólo por el miedo. Encender la lámpara implica reconocer qué valoras de verdad —personas, proyectos, causas— y decidir que eso será tu fuente de claridad. En lugar de dejar que la oscuridad dicte el rumbo, Safo sugiere que el amor sea el criterio que organiza decisiones y renuncias. De esta forma, el miedo no desaparece, pero deja de ocupar el centro. El sujeto poético elige avanzar sostenido por un compromiso afectivo, y no por la simple evitación del dolor o del riesgo.

Una invitación a la vulnerabilidad consciente

Finalmente, caminar con una lámpara en la oscuridad también revela vulnerabilidad: la luz es limitada, la noche sigue siendo vasta, y el caminante acepta esa condición. Esta imagen recuerda a otras tradiciones en las que la fragilidad se asume como fuerza, como cuando en el Evangelio de Juan la ‘luz en las tinieblas’ no borra la noche, pero impide que la última palabra sea la oscuridad. Safo, desde su isla de Lesbos, formula algo afín: no necesitamos dominar la noche para atravesarla; basta con sostener con cuidado la pequeña llama de lo que amamos. Así, el verso se convierte en una ética poética de la valentía: avanzar a pesar de no verlo todo, confiando en la claridad que nace del propio amor.