Elegir la acción: sentido frente a la desesperación
Elige la acción sobre la desesperación; el sentido crece allí donde te atreves a moverte. — Albert Camus
La encrucijada entre parálisis y movimiento
Camus sitúa al individuo ante una elección decisiva: ceder a la desesperación o dar un paso, por pequeño que sea, hacia la acción. La desesperación inmoviliza, convierte el mundo en algo cerrado y sin salida. En cambio, moverse, aunque sea sin garantías, abre una fisura en esa oscuridad. Así, la frase sugiere que el problema no es solo lo que nos ocurre, sino cómo respondemos. En la encrucijada, permanecer quieto equivale a dejar que el absurdo del mundo nos aplaste; actuar, en cambio, es una forma de resistencia silenciosa.
El eco del absurdo en el pensamiento de Camus
Para entender la profundidad de esta idea, conviene recordar que Camus desarrolla el concepto de absurdo en obras como “El mito de Sísifo” (1942). Allí describe la tensión entre nuestro anhelo de sentido y un universo que no ofrece respuestas claras. Sin embargo, lejos de rendirse, propone una rebelión lúcida: reconocer el absurdo sin sucumbir a él. La invitación a elegir la acción sobre la desesperación prolonga esa misma lógica; no se trata de negar la falta de certezas, sino de seguir caminando a pesar de ella, sosteniendo una dignidad que el sinsentido no puede borrar.
El sentido como consecuencia, no como punto de partida
La segunda parte de la cita introduce un matiz crucial: “el sentido crece allí donde te atreves a moverte”. Aquí, Camus invierte una expectativa habitual: solemos esperar a entender para actuar, pero él sugiere que el entendimiento llega después del movimiento. De este modo, el sentido no aparece como una verdad previa, sino como algo que se va tejiendo a medida que tomamos decisiones, emprendemos proyectos o ayudamos a otros. Así, caminar precede a la claridad, igual que en la vida diaria comprendemos muchas experiencias solo cuando las hemos atravesado.
El coraje de dar el primer paso
Hablar de atreverse implica subrayar la dimensión del miedo. Camus reconoce que moverse cuando todo parece oscuro exige coraje, no ingenuidad. Sin embargo, ese primer gesto —enviar una carta, buscar ayuda, empezar una obra, salir de la cama en un día insoportable— puede convertirse en el punto de inflexión. La literatura existencialista, desde “La náusea” de Sartre (1938) hasta “El extranjero” del propio Camus (1942), muestra personajes atrapados en la inacción o la apatía. Frente a ellos, esta cita funciona como un antídoto: aunque el mundo no cambie de inmediato, la disposición interior sí puede transformarse a través del movimiento.
Responsabilidad personal y construcción de significado
Elegir la acción sobre la desesperación implica aceptar una forma de responsabilidad: la de participar activamente en la construcción de nuestro propio sentido. Ya no se espera que una autoridad externa —religiosa, política o ideológica— lo entregue hecho, sino que se lo forja en el hacer cotidiano. En sintonía con el humanismo de Camus, esta postura afirma que cada gesto de trabajo, cuidado o creación amplía el campo del significado posible. Así, la cita no promete soluciones mágicas, pero sí afirma que, paso a paso, la vida puede dejar de ser un simple peso para convertirse en una tarea elegida.
De la desesperación íntima a la solidaridad
Finalmente, la invitación a moverse trasciende lo individual y se proyecta hacia los otros. En obras como “La peste” (1947), Camus muestra personajes que, ante el sufrimiento colectivo, optan por la acción solidaria en lugar de la resignación. De manera similar, salir de la propia desesperación puede comenzar con una acción mínima en favor de alguien más: escuchar, acompañar, comprometerse con una causa local. De este modo, el sentido que crece en el movimiento no es solo personal, sino compartido; al actuar juntos, la lucha contra la desesperanza se convierte en una forma de comunidad y de esperanza lúcida.