Cuando la perseverancia vence al tambor de la duda

Copiar enlace
3 min de lectura
Que el ritmo de la perseverancia sobreviva al tambor de la duda. — Safo
Que el ritmo de la perseverancia sobreviva al tambor de la duda. — Safo

Que el ritmo de la perseverancia sobreviva al tambor de la duda. — Safo

El pulso interior de la perseverancia

La frase de Safo nos invita primero a escuchar un ritmo íntimo: el de la perseverancia. No se trata solo de insistir mecánicamente, sino de sostener una melodía interna que nos orienta incluso cuando afuera todo suena discordante. Así, perseverar es recordar, una y otra vez, por qué comenzamos algo, y permitir que ese recuerdo marque el compás de nuestras acciones. En lugar de un esfuerzo rígido, la perseverancia se vuelve un pulso vital que acompasa decisiones y sacrificios, creando continuidad allí donde otros apenas ven obstáculos aislados.

La duda como tambor estridente

Frente a ese pulso silencioso aparece la duda, simbolizada como un tambor que resuena fuerte y cercano. La metáfora sugiere que la duda hace ruido, exige atención y ocupa el espacio mental con golpes repetidos: “¿y si fracasas?, ¿y si no eres capaz?”. Sin embargo, del mismo modo que en la música un instrumento puede tapar a otro sin destruirlo, la duda no anula la perseverancia: solo la oculta temporalmente. Reconocer que su sonido es estridente pero pasajero nos permite no confundir ruido con verdad ni intensidad con certeza.

Escuchar lo que permanece bajo el ruido

A partir de esta tensión sonora, la frase de Safo nos empuja a una práctica interior: aprender a escuchar por debajo del tambor. Igual que un buen músico distingue cada instrumento en una orquesta, necesitamos afinar la atención para percibir el hilo constante de nuestra intención profunda. Esta escucha implica hacer pausas, respirar y recordar el propósito que nos moviliza. Al hacerlo, descubrimos que la duda, aunque fuerte, late a un ritmo cambiante, mientras que la perseverancia, cuando es auténtica, conserva una cadencia más estable y confiable.

Transformar la duda en parte del compás

En lugar de imaginar una guerra total entre perseverancia y duda, la imagen del ritmo permite una reconciliación creativa. Así como en la poesía de Safo el contraste entre dolor y deseo genera belleza, aquí la duda puede volverse parte del compás que refina nuestras decisiones. Preguntarnos si vamos por buen camino no tiene por qué paralizar; puede llevarnos a ajustar el paso, revisar estrategias y fortalecer convicciones. De ese modo, la duda deja de ser un tambor enemigo para convertirse en un recordatorio rítmico que nos hace perseverar con mayor lucidez.

Elegir qué ritmo guiará nuestra vida

Finalmente, la sentencia propone una elección radical: ¿qué ritmo será dominante en nuestra existencia? Que la perseverancia sobreviva no significa eliminar la duda, sino decidir qué voz tendrá la última palabra cuando aparezca el cansancio. Cada proyecto importante —amar, crear, estudiar, sanar— exige atravesar fases donde el tambor de la inseguridad retumba con fuerza. Precisamente ahí cobra sentido el deseo de Safo: que, tras el eco de la vacilación, siga sonando aquel compás silencioso que nos impulsa a avanzar, y que ese ritmo, más hondo y duradero, marque el curso de nuestra vida.