Elegir la luz incluso en la oscuridad

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Incluso en los capítulos más oscuros, elige dónde caerá la luz después. — Viktor E. Frankl

Sentido en medio de la noche interior

La frase de Viktor E. Frankl nos sitúa, para empezar, en los “capítulos más oscuros” de la vida: enfermedad, pérdida, culpa, guerra o vacío existencial. Frankl, psiquiatra y superviviente de los campos de concentración nazis, no habla de una tristeza abstracta, sino de situaciones límite donde todo parece despojado de sentido. Sin embargo, incluso ahí introduce una palabra decisiva: “elige”. Con ella afirma que, aunque no podamos evitar ciertos sufrimientos, todavía conservamos un espacio de libertad interior desde el cual decidir qué significados darle a lo que vivimos y hacia dónde orientar nuestra mirada.

La libertad última según Frankl

Desde esta premisa, Frankl desarrolla en “El hombre en busca de sentido” (1946) la idea de una libertad última: la actitud que tomamos ante aquello que no podemos cambiar. En los campos, observó que algunos prisioneros compartían su pan o consolaban a otros, aun estando ellos mismos al borde de la muerte. Estas pequeñas decisiones eran, en palabras de Frankl, actos de resistencia espiritual. Así, la luz de la que habla la cita no es ingenua esperanza, sino la dignidad de seguir eligiendo valores como la solidaridad, la fe o la responsabilidad, aunque la realidad externa permanezca implacablemente oscura.

Elegir dónde cae la luz

Ahora bien, ¿qué significa exactamente “elegir dónde caerá la luz después”? No se trata de negar el dolor, sino de decidir qué parte de la experiencia se convertirá en foco de crecimiento. Una pérdida puede ser únicamente trauma, o también punto de partida para mayor compasión hacia quienes sufren algo similar. La luz, entonces, cae sobre lo que decidimos recordar, aprender y transformar. De esta manera, nuestra memoria no queda fijada sólo en la herida, sino también en la fuerza que desplegamos para seguir adelante, como subrayan muchos testimonios de supervivientes de catástrofes naturales o conflictos bélicos.

Resiliencia: del sufrimiento al crecimiento

En continuidad con ello, la psicología contemporánea habla de resiliencia y crecimiento postraumático. Estudios de Richard Tedeschi y Lawrence Calhoun (años 90) muestran que algunas personas, tras eventos devastadores, describen una mayor apreciación de la vida, vínculos más profundos o una espiritualidad renovada. No es que el sufrimiento sea bueno en sí, sino que, al elegir dónde “dejar caer la luz”, se reconfigura el relato personal. La misma historia puede narrarse como puro desastre o como travesía dolorosa que reveló nuevas capacidades. Frankl anticipa esta visión al sostener que el ser humano puede transformar el destino en tarea.

Responsabilidad y esperanza activa

De este modo, la cita también plantea una ética de la responsabilidad. Elegir la luz implica preguntarse: ¿qué haré con este sufrimiento para que no sea estéril? Quien convierte su experiencia en acompañamiento a otros, compromiso social o creación artística está, de hecho, decidiendo el lugar donde la luz se proyectará en el futuro. No se trata de esperar pasivamente a que “todo mejore”, sino de participar activamente en esa mejora, por pequeña que sea. Así, la esperanza deja de ser consuelo vacío y se vuelve proyecto concreto, en línea con la logoterapia de Frankl, que invita a encontrar tareas y sentidos por los cuales valga la pena vivir.

Construir un relato de sentido

Finalmente, todo esto desemboca en la forma en que contamos nuestra vida. Cada capítulo oscuro puede integrarse como simple mancha o como giro dramático que orienta hacia una comprensión más amplia de quiénes somos. Al elegir dónde caerá la luz, también elegimos qué historia de nosotros mismos queremos habitar. Frankl sugiere que no somos meros receptores de un guion trágico, sino coautores capaces de reescribir el desenlace interior de lo que nos ocurre. Así, incluso en la página más sombría, seguimos teniendo la posibilidad —modesta pero real— de iluminar el renglón siguiente.