Dar sentido al futuro desde el presente

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Llega a tu futuro dando un paso hacia el presente con propósito. — Safo

El futuro como destino elegido

La frase de Safo sugiere que el futuro no es solo un lugar al que se arriba, sino una dirección que se construye. “Llegar” implica movimiento y, por lo tanto, decisión: no basta con esperar a que la vida ocurra, hay que orientar el rumbo. Desde el inicio, la idea central es clara: el porvenir se vuelve alcanzable cuando se traduce en acciones concretas. Así, el futuro deja de ser una promesa abstracta y se convierte en una consecuencia. En vez de preguntar qué traerán los días, Safo invita a preguntarse qué estamos haciendo hoy para merecerlos.

Un paso hacia el presente

Luego, la imagen del “paso hacia el presente” parece paradójica, porque normalmente imaginamos que avanzamos hacia lo que viene. Sin embargo, Safo invierte la intuición para recordarnos que el único terreno donde se puede actuar es el ahora. El presente no es una antesala pasiva, sino el punto de apoyo desde el que se mueve la vida. En esa lógica, el futuro no se persigue directamente: se alcanza al aprender a habitar el momento con lucidez. Como en la ética de Aristóteles en la *Ética a Nicómaco* (c. 350 a. C.), el carácter se forma mediante hábitos repetidos, y los hábitos solo ocurren en el presente.

El propósito como brújula

A continuación aparece la palabra decisiva: “propósito”. No se trata de activismo frenético, sino de intención. El propósito funciona como una brújula que reduce la dispersión: ayuda a elegir qué sí, qué no, y por qué. Cuando el presente se llena de propósito, incluso tareas pequeñas adquieren peso moral y dirección. De este modo, la frase distingue entre moverse y avanzar. Podemos estar ocupados y, aun así, no acercarnos a nada; en cambio, un paso pequeño pero orientado convierte el tiempo en trayectoria. El propósito, entonces, no promete control total, pero sí coherencia.

La práctica de lo pequeño y constante

Con esa brújula en mano, el mensaje se vuelve práctico: llegar al futuro exige pasos, no saltos. La mayoría de transformaciones reales ocurren por acumulación de gestos modestos: una conversación pendiente, una página escrita, una decisión postergada que finalmente se toma. Como sugiere la psicología de la formación de hábitos, la repetición sostenida suele pesar más que los impulsos de motivación. En consecuencia, el presente con propósito se parece menos a un momento heroico y más a una disciplina cotidiana. Safo, poeta de lo íntimo, parece confiar en que lo grande también nace de lo aparentemente mínimo.

Evitar la trampa de la postergación

Además, la frase confronta una ilusión común: creer que primero debemos “sentirnos listos” para empezar. Pero el paso hacia el presente rompe la postergación, porque desplaza la atención del estado ideal al acto posible. No se trata de negar el miedo o la incertidumbre, sino de impedir que se vuelvan excusas que congelan. En este punto, el propósito opera como antídoto contra la espera interminable. Cuando sabemos para qué, encontramos algún cómo. Y cuando el “cómo” es imperfecto, el presente sigue siendo el lugar donde se corrige el rumbo.

Un presente vivido como creación

Finalmente, Safo propone una manera de vivir en la que el futuro es una obra en proceso y el presente, el taller. Dar un paso hacia el ahora con propósito es asumir autoría: aceptar que nuestras elecciones —por pequeñas que sean— dejan huella. Esa autoría no exige grandiosidad, solo honestidad con lo que queremos construir. Así, “llegar a tu futuro” no suena a profecía, sino a consecuencia natural de una vida atendida. El mensaje cierra con una invitación exigente y serena: regresar al presente, elegir un sentido y caminar.