Reescribir las reglas para volver a avanzar

Atrévete a reescribir las reglas que impiden que tus pies corran. — Simone de Beauvoir
Una invitación a la desobediencia lúcida
La frase de Simone de Beauvoir no suena a consigna vacía, sino a un empujón deliberado: atrévete. No se trata de romper por romper, sino de identificar qué normas—externas o íntimas—han terminado convirtiéndose en frenos. Así, la desobediencia que propone es lúcida: mira de frente lo que te detiene y decide si todavía merece tu obediencia. Desde ahí, la metáfora de los pies sugiere algo concreto y corporal: correr es moverse en el mundo, tomar espacio, elegir dirección. Cuando las reglas impiden esa carrera, ya no son simples acuerdos; son límites que moldean la vida cotidiana.
Reglas invisibles: costumbre, miedo y expectativa
A menudo, las reglas que más paralizan no están escritas en ninguna parte. Son frases heredadas—“no es para ti”, “no hagas olas”, “sé realista”—que se vuelven hábitos del pensamiento. En ese sentido, la prohibición no siempre llega como orden explícita; llega como expectativa social, temor al juicio o necesidad de encajar. Por eso, antes de reescribir, conviene reconocer el texto original: ¿qué idea aprendiste sobre tus límites? ¿Quién la dictó? Con esa transición de lo automático a lo consciente, el freno pierde parte de su poder, porque deja de ser destino y pasa a ser una construcción.
Reescritura: pasar de la norma al criterio
Reescribir reglas implica cambiar un “debo” rígido por un criterio propio. No es negar toda estructura, sino sustituir mandatos ajenos por principios elegidos. Donde antes había una regla única—“no falles”—puede aparecer una más humana—“aprende rápido”—que permite movimiento sin negar el riesgo. En continuidad con el mensaje, la reescritura es un acto creativo: como quien corrige un borrador, no destruyes la vida anterior, pero sí editas lo que te impide avanzar. Esa edición requiere lenguaje: nombrar el límite, discutirlo, y formular una alternativa practicable.
Libertad situada y responsabilidad personal
Beauvoir, asociada al existencialismo y al feminismo, insistió en que la libertad no ocurre en el vacío: siempre está “situada” en condiciones históricas, materiales y sociales. Precisamente por eso, la frase no promete una liberación mágica; invita a actuar dentro de lo posible y a ampliar lo posible con decisiones. Y, sin embargo, reescribir reglas también implica responsabilizarse por las consecuencias. Correr no es huir; es elegir un rumbo. La valentía aquí no es solo romper cadenas, sino sostener el peso de la elección: aceptar que vivir con más libertad también exige más claridad y compromiso.
El cuerpo como prueba: cuándo sabes que avanzas
La imagen de los pies ofrece una medida práctica: sabes que reescribiste una regla cuando tu conducta cambia. Quizá hablas donde antes callabas, solicitas lo que antes “no merecías”, o intentas aquello que antes descartabas por vergüenza. El cuerpo registra la nueva versión de tu vida en acciones pequeñas pero acumulativas. Además, correr sugiere ritmo: no es un salto único, sino una continuidad. Algunas reglas se reescriben en una tarde; otras requieren repetición, como entrenar un músculo. Con cada paso, la norma antigua pierde autoridad y la nueva gana realidad.
De lo individual a lo colectivo: cambiar el guion compartido
Finalmente, reescribir reglas no es solo un gesto íntimo; también puede ser un acto social. Muchas prohibiciones sobre “quién puede correr” se reparten de forma desigual, y cambiar el propio guion a veces implica cuestionar el guion común. Cuando alguien redefine sus límites, puede abrir espacio para que otros imaginen alternativas. Así, la frase se cierra como empezó: con una invitación al coraje. Atrévete no solo a moverte, sino a revisar la autoridad de lo que te detiene. En esa revisión, los pies dejan de pedir permiso y empiezan, por fin, a marcar camino.