Atravesar el miedo para hallar libertad interior

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Avanza hacia lo que te asusta; allí encontrarás las lecciones que te liberan. — Desmond Tutu
Avanza hacia lo que te asusta; allí encontrarás las lecciones que te liberan. — Desmond Tutu

Avanza hacia lo que te asusta; allí encontrarás las lecciones que te liberan. — Desmond Tutu

El miedo como brújula inesperada

La frase de Desmond Tutu propone un giro crucial: el miedo no solo es una alarma que evita el peligro, también puede funcionar como una brújula que señala lo que más necesitamos comprender. Aquello que nos intimida suele tocar una zona sensible—una carencia, un duelo, una inseguridad—y por eso mismo concentra energía de aprendizaje. A partir de esta idea, “avanzar” no significa lanzarse a ciegas, sino acercarse con intención a lo que evitamos. En vez de preguntar “¿cómo lo elimino?”, la invitación es “¿qué me está mostrando?”. Así, el miedo deja de ser un muro definitivo y se convierte en un umbral que, al cruzarlo, revela nuevas posibilidades de vida.

La valentía no es ausencia de temor

Dar un paso hacia lo temido exige redefinir la valentía. No se trata de no sentir miedo, sino de actuar a pesar de él, con una ética de cuidado hacia uno mismo. En ese sentido, la frase se alinea con una comprensión madura del coraje: la emoción permanece, pero ya no dirige por completo nuestras decisiones. Luego, cuando el miedo aparece—antes de una conversación difícil, un cambio laboral o una exposición pública—podemos leerlo como señal de relevancia. Si importa, asusta. Esa conexión, lejos de ser un defecto, indica que lo que está en juego tiene valor, y por eso conviene atenderlo con firmeza y lucidez.

Lecciones que nacen del encuentro

Al acercarnos a lo que tememos, emerge la lección central: descubrimos que la imagen del desastre suele ser más grande que la realidad. Este aprendizaje no siempre llega en forma de triunfo; a veces aparece como una derrota digna que, sin embargo, enseña límites, prioridades y recursos internos. El punto es el encuentro, no el resultado perfecto. Por eso, avanzar hacia el miedo puede revelar habilidades dormidas: pedir ayuda, negociar, tolerar la incomodidad o reconocer una verdad postergada. Cada una de esas lecciones funciona como una llave, porque reduce la dependencia de la evitación y amplía nuestro margen de acción.

Liberación: salir de la cárcel de la evitación

La libertad a la que alude la cita no es abstracta; suele ser muy concreta: dejar de vivir condicionado por rutas de escape. Evitar puede aliviar en el corto plazo, pero tiende a estrechar la vida, como cuando alguien pospone indefinidamente una decisión por miedo a equivocarse y termina atrapado en la inercia. En cambio, cuando encaramos el miedo con pasos pequeños y sostenidos, recuperamos soberanía. La liberación ocurre porque dejamos de negociar con un “guardia interno” que controla movimientos y elecciones. No es que el miedo desaparezca para siempre, sino que pierde autoridad sobre la dirección de nuestra historia.

Una práctica gradual y compasiva

Para que este avance sea viable, conviene que sea gradual: acercamientos medidos, repetidos y conscientes. La psicología lo expresa en términos de exposición progresiva, un enfoque presente en la terapia cognitivo-conductual (por ejemplo, David M. Clark y Paul Salkovskis han descrito protocolos para la ansiedad) donde el contacto seguro con lo temido reduce la reacción y aumenta la confianza. Finalmente, la frase de Tutu se vuelve una disciplina diaria: identificar un miedo relevante, dar un paso posible y aprender de la experiencia. Con el tiempo, ese método construye libertad no como un estado mágico, sino como un hábito: vivir más guiados por valores que por amenazas imaginadas.