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La curiosidad extraña como brújula del trabajo auténtico

Creado el: 24 de agosto de 2025

Persigue la extraña atracción de tu curiosidad; suele conducir al trabajo de verdad. — Haruki Muraka
Persigue la extraña atracción de tu curiosidad; suele conducir al trabajo de verdad. — Haruki Murakami

Persigue la extraña atracción de tu curiosidad; suele conducir al trabajo de verdad. — Haruki Murakami

Una brújula llamada curiosidad

Murakami habla de una “extraña atracción” porque la curiosidad rara vez es lineal: nos jala hacia lo que todavía no entendemos. George Loewenstein propuso la teoría de la brecha de información (1994): cuando intuimos que nos falta una pieza, el interés se enciende y orienta nuestra atención. Esa incomodidad amable funciona como brújula interior. Si aprendemos a reconocerla en su escala mínima—un párrafo que nos intriga, una pregunta que no se va—aparece una dirección concreta. Así, la curiosidad deja de ser capricho y se vuelve señal. Pero una brújula no camina por nosotros; el siguiente paso es traducir ese impulso en oficio, donde la energía inicial encuentra estructura diaria.

De la chispa al oficio

Esa transición requiere un entorno que convierta preguntas en práctica sostenida. Mihaly Csikszentmihalyi describió el “flow” (1990): un estado de concentración profunda cuando el reto iguala la habilidad. La curiosidad elige el reto; la disciplina calibra la dificultad para permanecer ahí. En la misma línea, Cal Newport en Deep Work (2016) muestra que bloques de atención sin interrupciones aceleran el aprendizaje y la producción de calidad. Por tanto, perseguir la atracción extraña implica diseñar rituales, límites y métricas que protejan el foco. Aquí, la experiencia de Murakami ilumina cómo un impulso personal se vuelve trabajo de verdad.

Murakami: del impulso a la disciplina cotidiana

Murakami cuenta que decidió escribir al ver un partido en el Jingu Stadium en 1978; esa corazonada germinó su primera novela, Escucha la canción del viento (1979). Sin embargo, el impulso inicial prosperó porque lo encajó en una rutina férrea: levantarse temprano, escribir horas seguidas y correr o nadar a diario. De qué hablo cuando hablo de correr (2007) detalla ese andamiaje físico y mental; Novelist as a Vocation (2015/2022) explica cómo la constancia afina la voz. Así, la curiosidad no reemplaza al oficio: lo inaugura. Y lo que vale para la literatura se repite, con matices, en otras disciplinas creativas y científicas.

Ecos en ciencia y arte

Charles Darwin convirtió una intriga concreta—los cirrípedos—en ocho años de estudio, culminando en sus monografías sobre percebes (1851–1854); esa paciencia metodológica fortaleció los cimientos de su teoría de la evolución. De modo afín, los ensayos de 1905 de Albert Einstein en Annalen der Physik nacen de preguntas obsesivas sobre luz y movimiento, maduradas en silenciosa reflexión y trabajo técnico. Estos ejemplos muestran un patrón: la “atracción extraña” señala un filón; el trabajo verdadero surge cuando lo seguimos con método, paciencia y criterio. Falta, entonces, un modo práctico de rastrear esa señal sin perdernos.

Un método para seguir la pista

Empieza por un registro de curiosidad: anota, a diario, tres cosas que te intrigaron y por qué. Luego elige una para un microproyecto de 30 días con resultado visible (un ensayo, un prototipo, un estudio). Todd Kashdan en Curious? (2009) sugiere formular preguntas que abran caminos (“¿qué pasaría si…?”) y buscar fricciones deliberadas para profundizar. Suma bloques de trabajo sin distracciones y criterios de avance claros (p. ej., una nota técnica al día). Al cerrar el ciclo, evalúa: ¿qué aprendiste?, ¿qué siguiente pregunta emergió? Así, la curiosidad encadena acciones y genera progreso acumulativo.

Curiosidad sin dispersión: límites que potencian

Daniel Berlyne distinguió entre curiosidad “diversiva” (novedad por novedad) y “epistémica” (búsqueda de comprensión) (1960). Para que la atracción extraña conduzca al trabajo de verdad, favorece la segunda: acota el tema, define una pregunta guía y pacta tiempos de exploración y de producción. Si algo brillante aparece fuera de foco, guárdalo en el registro; no rompas el bloque. Así, cerramos el círculo de Murakami: seguir la curiosidad no es vagar, sino comprometerse con lo que nos llama de forma inexplicable y construir el andamiaje que lo vuelva obra. Ahí comienza el trabajo genuino.