Curiosidad como brújula hacia trabajo auténtico
Creado el: 24 de agosto de 2025

Persigue la extraña atracción de tu curiosidad; suele llevar a un trabajo de verdad. — Haruki Murakami
La brújula de lo extraño
Comencemos por la intuición central: aquello que nos atrae de forma extraña rara vez es capricho; más bien es una brújula que señala territorios en los que vale la pena quedarse. La curiosidad, cuando se siente como tirón, sugiere que hay una pregunta viva pidiendo ser trabajada. Así, pasar del asombro al oficio implica honrar esa señal. En lugar de sofocar el impulso por parecer productivos, seguirlo nos conduce a problemas sustantivos donde el esfuerzo se vuelve sostenible. De este modo, la “extraña atracción” no es fuga, sino orientación.
Murakami y el origen de una práctica
Desde ahí, la vida de Haruki Murakami ilustra el pasaje de la chispa al hábito. Relata que en la primavera de 1978, en el estadio Jingu durante un juego de los Yakult Swallows, el chasquido de un bate le reveló: “puedo escribir una novela”. Esa curiosidad lo llevó a redactar por las noches, tras atender su bar de jazz Peter Cat, hasta terminar Hear the Wind Sing (1979). Con el tiempo, convirtió el impulso en rutina: despertar temprano, escribir varias horas, y correr a diario para sostener la concentración (De qué hablo cuando hablo de correr, 2007). La lección enlaza con la cita: seguir el tirón inicial abre la puerta; el trabajo de verdad aparece cuando lo volvemos práctica.
Qué dice la ciencia de la curiosidad
A continuación, la investigación respalda esta intuición. La teoría de la brecha de información de George Loewenstein (1994) explica que la curiosidad surge al detectar una distancia entre lo que sabemos y lo que deseamos saber; cerrar esa brecha resulta intrínsecamente gratificante. Más aún, Kashdan (2009) muestra que la curiosidad sostenida predice aprendizaje y bienestar. En laboratorio, Gruber et al., Neuron (2014) hallaron que los estados de curiosidad incrementan actividad dopaminérgica y mejoran la memoria incluso para información incidental. En otras palabras, cuando algo nos atrae de modo extraño, el cerebro financia el esfuerzo: aprender se vuelve más fácil y el trabajo, más significativo.
De la chispa al proyecto concreto
Con este marco, conviene traducir el impulso en estructura. Primero, un diario de preguntas: anotar lo que intriga y reformularlo en problemas abordables. Luego, microexperimentos de 60–90 minutos que generen evidencia: un prototipo, una página, un gráfico. Finalmente, una cadencia estable (por ejemplo, bloques sin distracciones), que según Cal Newport en Deep Work (2016) potencia la profundidad. Esta progresión—pregunta, prueba, ritmo—convierte la atracción en avance visible. Así, el entusiasmo inicial no se evapora: se condensa en resultados que retroalimentan la curiosidad y afianzan el oficio.
Evitar el brillo superficial
Sin embargo, no toda novedad merece dedicación. El “síndrome del objeto brillante” dispersa. Para contrarrestarlo, mantener un hilo rojo: tres preguntas guía que filtren oportunidades. Junto a ello, practicar la paciencia atenta de Barbara McClintock, su “feeling for the organism” (E. F. Keller, 1983): quedarse lo suficiente como para que el fenómeno hable. Así, la curiosidad no se vuelve zapping, sino inmersión selectiva. El criterio es simple: ¿este tirón se convierte en mejores preguntas tras una semana de trabajo? Si sí, profundizar; si no, soltar sin culpa.
Descubrimientos que comenzaron como tirones
Por último, la historia confirma el patrón. Alexander Fleming notó en 1928 un moho que mataba bacterias: su curiosidad por la anomalía derivó en la penicilina. Del mismo modo, los cuadernos de Leonardo da Vinci muestran cómo preguntas sobre alas, agua y anatomía encadenaban estudios que hoy llamaríamos proyectos. Estos ejemplos no son casualidad: cuando el interés genuino fija la atención, el trabajo se vuelve persistente y creativo. En ese sentido, la invitación de Murakami es práctica: persigue la atracción rara, estructúrala con disciplina y deja que, con el tiempo, se convierta en trabajo de verdad.