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Diseñar la paz en los intersticios del conflicto

Creado el: 30 de agosto de 2025

Estudia los patrones del conflicto y luego diseña la paz en sus intersticios. — Sun Tzu
Estudia los patrones del conflicto y luego diseña la paz en sus intersticios. — Sun Tzu

Estudia los patrones del conflicto y luego diseña la paz en sus intersticios. — Sun Tzu

Leer la geometría del conflicto

Sun Tzu propone observar antes que actuar; en esa línea, estudiar patrones del conflicto implica mapear ritmos, incentivos y ciclos de escalada y desescalada. No solo se trata de fuerzas y posiciones, sino de tiempos de respuesta, cadenas de suministro, relatos que legitiman la violencia y coaliciones que se reconfiguran. La lectura es, por tanto, topológica y temporal: quién conecta con quién, cuándo se encienden los agravios y dónde se agotan los recursos (Sun Tzu, El arte de la guerra). Al reconocer estas regularidades, aparece lo esencial: el conflicto no es continuo, pulsa. Sin embargo, identificar patrones es apenas el primer paso. Entre los latidos del conflicto surgen zonas grises donde la energía se dispersa y la coordinación es más costosa para los beligerantes. Precisamente ahí se abren posibilidades creativas para diseñar la paz, como veremos al explorar sus intersticios.

Intersticios: espacios vacíos donde cabe la paz

Llamemos intersticios a huecos temporales, espaciales y simbólicos en los que la confrontación se relaja: turnos nocturnos con menor actividad, corredores logísticos que nadie quiere destruir, rituales comunitarios que imponen silencios, o la simple fatiga operativa que describe Clausewitz como fricción (De la guerra, 1832). Estos vacíos no son ausencia; son contextos con reglas y costos específicos, menos propicios a la escalada y más sensibles a incentivos de cooperación. Aprovecharlos exige sensibilidad de diseño: no forzar acuerdos grandilocuentes, sino insertar pequeñas prácticas que ganen tracción donde el conflicto pierde fuerza. Así, de la pausa nace el prototipo, y del prototipo, una rutina compartida. El siguiente paso es convertir esos experimentos en arquitectura social que sobreviva al día a día.

De la táctica a la arquitectura social

Pasar de la oportunidad a la estructura implica traducir intersticios en instituciones mínimas: protocolos de paso, calendarios de alto el fuego, mecanismos de verificación y espacios seguros para la palabra. El diseño de servicios ofrece aquí una lente útil: cada punto de contacto —un control de carretera, una clínica, un mercado— puede reconfigurarse para reducir fricciones y aumentar confianza. Elinor Ostrom mostró que reglas claras, monitoreo local y sanciones graduadas sostienen bienes comunes incluso en contextos adversos (Governing the Commons, 1990). Esta arquitectura no compite con la gran diplomacia; la alimenta. Cuando las partes experimentan microbeneficios tangibles, aumentan los incentivos para sostener y escalar acuerdos. A continuación, conviene mirar experiencias que, partiendo de pausas pequeñas, generaron transformaciones duraderas.

Lecciones históricas de pausas fecundas

La Tregua de Navidad (1914) mostró cómo una pausa espontánea permitió reconocer humanidad en el adversario; aunque efímera, dejó una memoria práctica de desescalada. Más tarde, el Acuerdo de Viernes Santo (1998) institucionalizó intersticios creando órganos compartidos y calendarios de desarme, tejiendo rutinas que bajaron la temperatura del conflicto en Irlanda del Norte. En Colombia, el Acuerdo Final (2016) usó zonas transitorias y ceses al fuego focalizados para pilotear verificación y reintegración antes de la implementación plena. Incluso en guerras urbanas, corredores humanitarios —como los habilitados en Alepo (2016)— ofrecieron ventanas temporales para asistencia y evacuación. En todos los casos, las pausas no fueron fines en sí mismas; fueron andamios. Para replicarlas con intención, necesitamos herramientas analíticas que detecten dónde y cuándo insertarlas.

Herramientas analíticas: datos, redes y juegos

El primer instrumento es el tiempo: series de eventos revelan ciclos diarios y semanales de violencia, útiles para programar pausas cuando la probabilidad de incumplimiento es menor. El segundo es la red: mapear actores, intermediarios y canales de comunicación permite identificar nodos puente donde pequeños acuerdos rinden efectos multiplicadores. El tercero proviene de la teoría de juegos: en interacciones repetidas, estrategias de reciprocidad y perdón limitado favorecen la cooperación (Robert Axelrod, The Evolution of Cooperation, 1984). Combinadas, estas herramientas revelan ventanas de oportunidad y umbrales de riesgo. Así, se pasa del deseo de paz a la ingeniería de incentivos, disuasiones y verificación. Con el diagnóstico en mano, toca diseñar operaciones concretas que hagan de la paz un hábito.

Diseño operativo: microacuerdos y ritmos compartidos

La paz practicable se construye con microacuerdos: horarios de silencio, protocolos de paso para ambulancias, mercados protegidos y canales confiables para quejas. Pilotos breves —72 horas de cese focalizado, por ejemplo— permiten medir cumplimiento y ajustar reglas sin grandes costos. La verificación mixta (comunitaria, tecnológica y de terceros) aumenta credibilidad; misiones como las de la OSCE han mostrado el valor de observadores imparciales en Europa oriental. Además, el lenguaje importa: redactar compromisos en términos de comportamientos verificables —en vez de intenciones abstractas— crea expectativas claras. Cuando estos ritmos compartidos alivian dolores inmediatos, las partes invierten más en sostenerlos. Resta asegurar que la paz diseñada sea legítima y resistente al tiempo.

Ética, legitimidad y resiliencia de la paz

Sin legitimidad no hay escalabilidad. Incluir a quienes soportan los costos —mujeres, jóvenes, minorías, comerciantes, personal sanitario— permite que los intersticios respondan a necesidades reales. Negociar por intereses y no por posiciones, como sugieren Fisher y Ury (Getting to Yes, 1981), evita trampas simbólicas y abre espacio a soluciones creativas. Además, las sanciones graduadas y los mecanismos de reparación sostienen el cumplimiento sin humillar al otro. La resiliencia surge cuando las reglas nacen de la práctica y se adaptan mediante retroalimentación continua: tableros públicos de cumplimiento, alertas tempranas y ajustes periódicos. Así, se honra la intuición de Sun Tzu: estudiar el conflicto no para negarlo, sino para diseñar, en sus huecos, una paz que aprende, crece y perdura.