Luz y sombra: ganadores, perdedores y equilibrio

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En este mundo, siempre que hay luz, también hay sombras. Mientras exista el concepto de ganadores, también debe haber perdedores. - Madara Uchiha

El principio de contraste

Para empezar, la afirmación sugiere que la realidad se percibe por contraste: la luz solo se reconoce frente a la sombra. En la fotografía, el claroscuro revela volumen; en ética, el bien se define contra el mal posible. Este marco no celebra la oscuridad, pero reconoce que sin umbrales y límites no hay contornos. Así, la categoría de ganador requiere un fondo de no-ganancia que le dé relieve.

Contrarios en la filosofía clásica

A continuación, la filosofía clásica tematizó esta tensión de contrarios. Heráclito defendió la unidad de opuestos y el papel del conflicto como principio ordenador (fragmento B53, c. 500 a. C.). Por su parte, el yin-yang del Dao De Jing equilibra fuerzas complementarias. Incluso en la República de Platón (c. 375 a. C.), la justicia se discute contrastando modelos de ciudad. El contraste, entonces, no es anomalía, sino estructura.

La sombra en la psicología

En paralelo, la psicología profundizó el lado humano de la sombra. Carl G. Jung, en Aion (1951), llamó sombra a los rasgos negados del yo. Integrarlos evita proyectarlos en otros, donde los convertimos en perdedores inevitables. Un equipo de trabajo, por ejemplo, mejora cuando reconoce errores compartidos en lugar de culpar a un chivo expiatorio: la luz del logro aumenta, pero no a costa de relegar a alguien al lado oscuro.

De suma cero a suma positiva

Sin embargo, no todo conflicto exige un perdedor permanente. La teoría de juegos distingue entre juegos de suma cero y escenarios cooperativos. Von Neumann y Morgenstern, Theory of Games and Economic Behavior (1944), formalizaron ambos; Elinor Ostrom, Governing the Commons (1990), mostró cómo comunidades evitan la tragedia de los comunes. Innovación abierta, comercio mutuamente beneficioso o alianzas climáticas ilustran ganancias compartidas, aunque compitan por cuotas. La clave es diseñar reglas que transformen tensión en co-creación.

Mérito, competencia y dignidad

Por otro lado, la cultura del mérito convierte la comparación en identidad. En deportes o concursos, el formato deliberadamente produce perdedores; su valor pedagógico radica en aprender límites. Pero extrapolar esa lógica a toda la vida social alimenta humillación y polarización. Michael Sandel, The Tyranny of Merit (2020), advierte que confundir mérito con valor moral erosiona la solidaridad. Reconocer sombras sistémicas permite celebrar logros sin convertirlos en jerarquías absolutas.

Ecología y límites compartidos

Asimismo, la naturaleza confirma que la luz necesita umbrales. Los límites planetarios propuestos por Rockström et al. (2009) muestran que el éxito de un país puede oscurecer a otros si se exceden recursos comunes. Con todo, acuerdos como el Protocolo de Montreal (1987) probaron que cooperación y tecnología pueden revertir daños sin perdedores netos. Cuando el diseño incentiva sustituciones y transferencias justas, la sombra se reduce sin negar la competencia.

Hacia un antagonismo civil

Finalmente, una ética pública madura asume el antagonismo sin demonizarlo. Chantal Mouffe, en su pluralismo agonista, distingue adversarios de enemigos: se compite con reglas que preservan el espacio común. De este modo, la tesis de Madara funciona como advertencia, no como destino: mientras haya luz, habrá sombras, pero podemos orientar el foco. La tarea política y personal consiste en convertir pérdidas inevitables en aprendizajes y en evitar perdedores permanentes.