Así, la fe en Kierkegaard es profundamente personal: nadie puede saltar por otro. En “Post-scriptum definitivo no científico” (1846), insiste en que la verdad cristiana es subjetiva en el sentido de compromiso: importa menos tener teorías correctas que existir en relación viva con aquello en lo que se cree. De ahí que la fe sea un paso elegido y, por tanto, responsable. No se ampara en la masa ni en la costumbre; exige responder en primera persona al llamado interior que nace del anhelo y se confronta con la duda. [...]