Al escuchar la frase atribuida a Leonardo da Vinci, percibimos un rito de paso: una vez que el horizonte se abre desde arriba, el suelo ya no basta. “Probar el vuelo” no describe solo despegar; nombra una transformación de la mirada. Desde entonces, los pies obedecen la gravedad, pero los ojos buscan de nuevo la altura. Esta tensión entre arraigo y aspiración se vuelve brújula íntima, orientando decisiones, oficios y sueños. [...]