Desde Aristóteles, la amistad virtuosa y la eudaimonía suponen un bien compartido que solo florece con mutua entrega (Ética a Nicómaco). Más tarde, el imperativo categórico de Kant exige tratar a cada persona siempre como fin, nunca como medio, institucionalizando el respeto recíproco. Incluso Adam Smith, en Teoría de los sentimientos morales (1759), recuerda que la simpatía precede a la cooperación.
En el siglo XX, Peter Singer, en “Famine, Affluence, and Morality” (1972), amplía el radio del deber: si podemos aliviar un mal grave a bajo costo, debemos hacerlo, aunque el necesitado esté lejos. No obstante, el remate irónico de Auden persiste: podemos profesar el deber, pero ¿cómo lidiar con la sensación de que otros no lo asumen? Esta inquietud nos lleva, de manera natural, a los problemas de coordinación e incentivos de la vida colectiva. [...]