En la Ética a Nicómaco, Aristóteles describe la hexis como una disposición estable que se forja con práctica. Si seguimos esa línea, la curiosidad puede asumirse como virtud intelectual cuando se ejercita de forma deliberada y responsable. No es mera agudeza, sino una orientación de largo aliento a indagar con buena fe.
La filosofía contemporánea ha reforzado esta idea: la “epistemología de las virtudes” entiende cualidades como la apertura mental y la diligencia como componentes del buen conocer (Linda Zagzebski, Virtues of the Mind, 1996). Con ello, la curiosidad se vincula no solo al saber, sino a la calidad moral del sujeto que investiga. Este encuadre nos acerca a la ética de la atención que Sontag exigía. [...]