Sin embargo, este enfoque plantea un interesante dilema sobre la ética de la intención versus la acción. Para Cicerón, y para varias tradiciones filosóficas posteriores, lo que hace bueno a un acto no es sólo el resultado exterior, sino la pureza de la intención. San Agustín, siglos después, desarrolla esta noción en Confesiones, subrayando que el deseo de bondad debe guiar al individuo incluso cuando las circunstancias no permiten materializarlo. [...]