De ahí que el paso del brillo al olor funcione como sinestesia que amalgama sentidos y espacios. Oler lo que está “más allá de las nubes” es sentir aquí lo que ocurre allá, uniendo exterior e interior. En la estética clásica, esta fusión aproxima el yijing —la resonancia entre escena y ánimo—: el lector no contempla un paisaje; lo habita. El aroma, al no fijarse en contornos, crea continuidad. Así, la luna ya no es solo esfera remota, sino fuente íntima que perfuma la conciencia y le da volumen al silencio nocturno. [...]