En esta línea, el arte pasa a ser una fuente de nuevas realidades y no simplemente una ventana al mundo existente. Movimientos como el surrealismo—en el que Giacometti participó—exploran precisamente la generación de universos alternativos, donde lo fantástico y lo onírico cobran tanta fuerza como los hechos cotidianos. Magritte y Dalí, por ejemplo, invitan al espectador a sumergirse en dimensiones inéditas tan vibrantes y verosímiles como la realidad exterior. [...]