Por otra parte, los ecosistemas también perecen. Los incendios de pozos petroleros en Kuwait (1991) ennegrecieron cielos y suelos; el uso de defoliantes como el Agente Naranja en Vietnam dejó secuelas ecológicas y sanitarias; informes del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (2009) describen cómo minas y municiones contaminan acuíferos durante décadas.
Cuando se envenena el agua o se fragmentan bosques, desaparecen servicios ambientales de los que dependen comunidades enteras. Así, incluso después del alto el fuego, la naturaleza continúa pagando una guerra que ya no suena. [...]